viernes, octubre 30, 2009

Un post hecho de palabras


Desde el punto de vista de la responsabilidad ante Dios, no se puede decir: como soy libre digo lo que quiero y ya está.
La palabra puede hacer daño. La palabra construye o destruye. La palabra que sale de nuestra boca es expresión de lo que hay en el corazón. Debemos cambiar nuestro corazón y cambiaremos nuestras palabras.
Las palabras han reformado la Iglesia, han llevado el amor de Dios a tierras más allá de los mares, nos han hecho profundizar en los misterios de la Teología. Otras palabras brillaron en su tiempo, pero fueron olvidadas pronto, fueron fuegos artificiales, fatuos y fútiles. Otras palabras so capa de bien, llevaban en su seno el germen del resentimiento, de la soberbia o de una inadecuada compresión de las cosas. Otras palabras en fueron paja que se lleva el viento.

Ha habido personas muy oscuras en su tiempo que apenas nos han dejado unas pocas páginas de palabras. Pero esas palabras pesan como el acero, son indestructibles como el acero y resisten el paso de los siglos. Estoy pensando en algo tan breve como el impresionante comienzo del Kempis o las páginas de Ruysbroeck, poquísimas, pero que se siguen reeditando.

Tened cuidado con las palabras.

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