jueves, octubre 08, 2009

Una isla griega en un mar barroco


Hoy iba por la calle, cerca de la Basílica de San Agustín, cuando he visto una iglesia abierta y me he dicho: voy a entrar.

Era una iglesia pequeña y oscura, llena de velas, al ver el iconostasio me he dado cuenta de que era una iglesia cristiano-oriental. Pronto descubriría que era de rito greco-católico.

Al verme el sacerdote me ha saludado y me ha dicho unas palabras, pero no se ha podido detener porque eran las seis y era la hora de la misa.

Me he quedado con la curiosidad de ver cómo era una misa en ese rito. La misa ha durado una hora, con mucho canto, con muchas oraciones, con mucho movimiento del celebrante, tanto para ir a lugares delante de los iconos, como para incensarlos, también al altar, a la gente.
En el Credo ha tomado el velo del cáliz y lo ha sostenido sobre las ofrendas, como abanicándolo con lentitud. En otro momento ha tomado una cosa en forma de cruz y ha golpeado con ello el cáliz y la patena.

En otro momento, el sacristán (por indicación del celebrante) me ha dicho si quería ponerme al otro lado del iconostasio. Llevaba sotana, así que me ha dado una estola oriental y me he puesto a su lado. No sólo he comulgado, sino también dado la comunión. Ha sido toda una experiencia vivir la misa griega al lado del altar.

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