miércoles, octubre 14, 2009

Y mis pies pisaron el Vaticano


(Continúa de ayer)
Mi ingreso al corazón de las bulas pontificias ya comenzó bien, porque no es lo mismo entrar por una puerta mohosa y trasera (las puertas traseras suelen ser mohosas y oxidadas) que entrar por el Portón de Bronce del Vaticano.

El Portón de Bronce, para los que no lo sepan, es la entrada más teatral que existe en el mundo. Sólo los italianos podían haber creado algo así. Después de haber entrado por esa puerta, sus escaleras (Guardia Suiza incluida) y toda esa parafernalia, entrar en Buckingham o en la Casa Blanca te da la sensación de estar ya claramente en una segunda categoría. El Kremlin ni lo menciono: si quieres dar mala impresión, estuco y madera dorada. Pero ésa es otra historia.

El caso es que subo, primer conserje, llamada, suba por este ascensor, atravieso un patio (bastante impresionante por su tamaño), otro conserje con más Guardia Suiza por todas partes. Otro ascensor (este cubierto de madera en su interior), otro conserje, sala de espera. Más Guardia Suiza. Por allí había más guardia suiza que soldados de blanco cuando Luke Skylwalker entró en la Estrella de la Muerte. Y entonces

(Continuará mañana.)

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