lunes, noviembre 23, 2009

Cosas sueltas


Sobre la mesa de mi trabajo está mi crucifijo favorito que me traje desde España, así como fotografías del Papa Juan Pablo II que me dan mucha devoción. Por la habitación, por los armarios, van colgando más y más versículos de la Biblia.

También he ido decorando mejor esos armarios, a base de las cajas más bonitas que las tiendas de alta moda dejan en la calle al cerrar el negocio. Cajas de colores lisos, resistentes, escogidas entre muchas cajas.

Cenando con el australiano, me he enterado de que aunque su soberana es la Reina de Inglaterra, sin embargo no es súbdito de Su Majestad. Y que las prerrogativas de Su Graciosa en la isla se reducen a nada. Vamos, venga, alguna cosa pequeñita le habrá reservado la Constitución. Podrá vetar algo o nombrar a alguien. Pues no.

Se ha reído mucho cuando le he dicho que cuando excaven dentro de un siglo las ruinas de la Roma actual, encontrarán entre los escombros toda una capa sedimentaria de pizzas y toneladas de helado. No sé por qué le ha hecho tanta gracia. Tampoco era un chiste de esos que hacen historia.

Ah, una última cosa. Después de los comentarios que hizo Nadal sobre la religión, he decidido no ver en el próximo año ni un solo partido de tenis. No sólo los suyos, sino los de cualquier tenista.

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