martes, noviembre 03, 2009

El bello trabajo de predicar

Una de las cosas que he hecho bastante en los años pasados, es predicar. O mejor dicho, giras por distintos países predicando. Podría decir que lo que daba eran charlas sobre el demonio. Pero, en el fondo, eso eran predicaciones sobre Dios. Predicar acerca del Bien Infinito a través del conocimiento del mal. Reconozco que el tema es apasionante.

Pero lo que no se imagina la gente, es lo pesadas que resultan esos viajes apostólicos. No el primer día, ni el tercero. Pero cuando uno lleva una semana, hay un deseo de regresar a casa que se va haciendo más y más fuerte. Al final, es un ansia profundísima. Eso se nota en que siempre hay un momento de los viajes, en los que uno comienza a contar los días que faltan para llegar a casa.

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