jueves, noviembre 19, 2009

Geografía de mi habitación


En centro esencial de mi habitación es mi mesa de trabajo, mi pequeño scriptorium. Con una gran pantalla de ordenador en el centro, un crucifijo de estilo neogótico a mi izquierda, y el ordenador (cuadrado de un palmo por un palmo) encima del extremo derecho. Delante de la pantalla del ordenador, un montoncito ordenado de papeles.

Me gusta tener la mesa donde trabajo lo más vacía que puedo. Los archivos de papeles están en los armarios, pero sobre la mesa sólo esencial. Cuatro bolígrafos de cuatro colores (cada color tiene un significado jerárquico en mis escritos, jerárquico en cuanto a la importancia de las ideas), dos estampas de Juan Pablo II, una lista con los tiempos verbales italianos. Para disponer de amplitud, incluso la lámpara y el reloj han sido puestos a mano, pero sobre un armario vertical.
El resto de la pared está ocupado por dos armarios verticales para mi escasa ropa, toda clerical. Aquí en Roma siempre visto sotana con alzacuellos romano.

El lecho a mis espaldas es estrecho. Me compré un edredón. Dado que una manta es algo que se usa todos los días, opté por comprar la mía, que al final fue un edredón, pensando que aquí haría frío, o al menos algo de frío. Pero a mediados de noviembre, todavía salgo a pasear tras la cena (con un cura venezolano que es una eminencia de la filosofía) con sotana sin jersey debajo. No hace falta ponerse nada encima, el clima es como el del Edén.

Me compré una buena silla, porque en la mesa de estudio se pasan muchas horas. La Biblia está siempre abierta a la entrada de mi habitación. Y varios versículos que he escrito, cuelgan de distintos lugares de mis armarios para verlos a menudo.

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