martes, noviembre 17, 2009

Grandes hombres

Lo creáis o no, hoy he visto a Berlusconi. Pasaba por un lugar del centro, y al ver en un cruce de calles que los guardias no eran los normales, sino que eran de los del tipo por-aquí-pasa-alguien-importante, he aguzado mis cinco sentidos, incluido el del gusto, y al final en un coche de vidrios tintados, lo he visto.

Lo he visto, porque el coche iba en un ángulo justo que me permitía con la luz ver el asiento de atrás. Si llega a cambiar un poco el ángulo, sólo hubiera visto un vidrio oscuro.
Berlusconi iba hablando por el móvil, muy inclinado hacia atrás en su amplio asiento de su impresionante coche.

Roma estos días está revolucionada. No sé qué reunión hay aquí de la FAO y los coches oficiales van y vienen, con gran despliegue de sirenas.
Es lógico, lo que antes eran lictores, carros, laureles y pompas, ahora la moda lo ha transformado en hileras de coches negros con vidrios tintados y giratorios puestos sobre el capó con un cable en espiral que se mete dentro.

Yo prefería los lictores y los cuatro caballos de la cuadriga, caballos blancos. Pero la hilera de coches impresiona, sí, ciertamente. Todo ser humano merecería alguna vez en su vida ser protagonista de toda esa parafernalia de escoltas y urgencias y prisas y no tener que respetar los semáforos en los cruces. Ni siquiera un día, bastaría con una hora. Sólo por probar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada