viernes, noviembre 13, 2009

Me lo paso bien con los amigos


Aunque tuve que interrumpir por problemas de conexión el tema que había comenzado, continúo hoy. Os contaba mi peregrinación a la Basílica de San Juan de Letrán. Y al entrar en ella, me imaginé cómo de alegres debieron estar los cristianos, cuando el emperador Constantino regaló la basílica a la Iglesia.

Acababan las persecuciones y de pronto la Iglesia se encontraba con aquel regalo. El Papa trasladó su curia, una curia pequeña, de quizá unas cuarenta personas a ese palacio. Y transformó, limpió y adecentó la basílica para hacer de ella el primer gran templo cristiano. El primer gran templo nos lo regalaron. Fue un presente de Dios a su rebaño.

Al entrar yo en la basílica, no podía dejar de imaginar cómo debía ser aquella basílica del tiempo de Constantino. ¿Qué tipos de cambios harían? ¡Un inmenso templo para el culto a Dios!, así lo debieron ver. La alegría de aquella comunidad debió ser inmensa. No me era difícil imaginar con qué ilusión hubieron de trabajar todos, recién salidos de las persecuciones. Aquello les debió parecer un sueño.

En mi pequeña peregrinación, reviví todo eso, con sencillez, de un modo casi infantil. Por eso disfruté tanto al entrar por esas puertas.

(Nota: es posible que alguna vez la foto del post no concuerde del todo con el tema del mismo post.)

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