martes, diciembre 29, 2009

Carta a una consagrada: Legionarios de Cristo III


No entiendo el caso de X (un familiar) legionario que se ha salido de la Legión por esta razón de los pecados del fundador. En mis viajes me han comentado de más casos de personas consagradas que se han salido del movimiento por esta misma razón. Jamás podré entenderlo. Uno se consagra a Dios, no a una persona.

Si mi obispo fuera un hombre perverso, mentiroso y lujurioso, ¿dejaría yo mi sacerdocio diocesano?

La consagración es algo sagrado. Es un vínculo con Dios. Es una fuente de santificación diaria para el alma que de este modo queda conectada con la Santísima Trinidad de un modo, diríamos, matrimonial. Las personas de los escalafones jerárquicos no son nada frente a Dios. Para un consagrado, Dios lo es todo.

Sé del caso de un padre en España que fue a buscar a su hijo a un seminario de los legionarios para llevárselo a casa. El hijo, en medio de las malas noticias sobre el fundador, en plena zozobra, hizo las maletas y se fue con su padre. Conozco al padre y al hijo, y ni los disculpo, ni los excuso. Hay muchas razones para marcharse de un seminario, pero ésta no es una de ellas. ¿Tan poco conocía a Nuestro Redentor el padre que era de comunión diaria? Mis palabras pueden parecer duras, pero en el Juicio Final su acción será enjuiciada desde la eternidad, y sus razones humanas serán vistas desde su vacuidad.
(Seguirá mañana)

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