sábado, diciembre 19, 2009

La película Ágora: el tormento de la mentira y el éxtasis del anticlericalismo.

Ayer vi la película Ágora. Que conste que sabía que la película me iba a contar una historia contra los cristianos. Pero no me importaba. Me senté en la butaca con la idea de hacer oración, de disfrutar en imágenes de una visión de la iglesia alejandrina en el siglo IV. No me importaba el sesgo, porque del mismo modo que me gusta que hagan películas a favor de la religión, reconozco el derecho a hacer otras en contra. Cuántas veces he disfrutado de una película en contra de mis ideas.

Pero lo que vi en mi butaca me dejó impresionado. No fue por la mentira, la esperaba. Lo que me dejó boquiabierto fue el odio. ¡Cuánto odio tiene que haber en el corazón del director y sus guionistas para escribir semejante historia en imágenes!

Ágora es una película que incita al odio contra los cristianos. Ágora es odio en estado puro. Jamás hubiera pintado de ese modo a los enemigos de la Iglesia. Los cristianos de la época de San Cirilo habían conocido las espantosas persecuciones sólo dos generaciones antes. Y, sin embargo, perdonaron. No hubo venganzas. No hubo revancha. Ésa es la verdad histórica. Hipatia fue una excepción. Y ni siquiera de esa excepción sabemos casi nada. Apenas unas brevísimas líneas. La historia de por qué murió pudo ser de cientos de maneras distintas.

Amenábar me has decepcionado, tu obra rezuma fanatismo y desgraciadamente la he pagado en parte con mis impuestos gracias al Ministerio de Cultura que te la financió.

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