miércoles, diciembre 23, 2009

Pensando en aquel futuro del pasado: meditaciones más allá de los cuarenta.

Ayer hablaba del retrofuturo. Hablábamos ayer del retrofuturo. Sí. El futuro congelado. El futuro que vino a nuestro presente, que ahora es el pasado. Mirarlo con los ojos del ahora, supone una gran enseñanza.

El futuro ha sido menos futuro de lo que esperábamos. El futuro, finalmente, ha tenido mucho de presente. Además, hemos descubierto que hay mucho pasado en el futuro. Ya estamos en el futuro, pero no en el que futuro que imaginamos, sino justamente en uno que no pensamos que sería. La realidad volvió a traicionarnos.

Al menos a los que vivimos en los 70 (no todos pueden decirlo), nos quedan esas visiones, esos sueños, intactos, redescubiertos, con todo su color. Los que vivimos en los 70 (ya no todos viven), tuvimos una visión del futuro tipo ciudad limpia con pasillos deslizantes. Después en los 80 los jóvenes vieron el futuro en dos versiones: gran peste que mata a todos, o guerra atómica que mata a todos.

Hubo un tiempo en el que el futuro era algo grande. Nos lamentábamos de haber nacido tan pronto. Haber nacido en los 60 suponía que podías quedarte a la puerta del futuro. Pero después imperó una visión del porvenir en la que la Peste Negra parecía un juego de niños.

Quizá mañana hable del presente. Hoy (que para ti es ayer) he hablado del futuro, de ese futuro que ya no volverá.

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