domingo, diciembre 20, 2009

Sigo lapidando un poco más a Ágora


Me quiero dar el gusto de criticar un día más la película Ágora.

Lo único que expresa a la perfección la última película dirigida por Amenábar es la capacidad para llenar 126 minutos con unos personajes tan de cartón piedra como los decorados. Recuerdo la película El Tormento y el éxtasis, no me gustó, me aburrió, pero allí había personajes. Allí los actores eran de carne y hueso. En Ágora, los actores no podían hacer nada con ese guión infantil de buenos y malos, de vampiros y víctimas.

Me queda la satisfacción de que los críticos han sido inmisericordes con la película de Amenábar. La opinión más benigna que ha recibido (de los que saben de cine) es falta de un criterio consistente a la hora de elaborar su lenguaje. Forma muy fina de decir que es mala. Ciertamente los expertos en cine han saqueado su película, como los cristianos la biblioteca.
La película con sus mentiras hará mucho daño al Reino de Dios sobre la tierra. La verán quizá cientos de miles de personas en las salas, millones en sus casas. Seguirá siendo visionada dentro de años. Hará daño, un daño objetivo.

Para la próxima película le he buscado a varios actores, más que nada para que gane en credibilidad. A Gregorio Sam Peces-Barba (en el papel de inquisidor-incinerador) y a José Bono (en el papel de buen cristiano incomprendido, qué buen cristiano si hubiera buen señor).
Lo que lamento es que nuestro estimado Ministerio de Cultura financie estos discursos contra la Iglesia. También financió El crimen del padre Amaro. La financió a pesar de ser una película mexicana. Pero nuestro ministerio está dispuesto a financiar incluso a los talibanes si hacen una película contra Urbano VIII.

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