sábado, diciembre 26, 2009

Una palabra más sobre un tema muy navideño: el retrofuturo

Si en los años 70, un trío de brujas me hubiera vaticinado mi futuro como lo hicieron por ejemplo con Macbeth, no sé muy bien qué hubiera pensado. El futuro podía ser muchas cosas, pero una cosa así no se le hubiera ocurrido ni a Dalí.

¿Qué hubieran pensado mis compañeros de clase en la secundaria, si hubieran escuchado a una sibila decir cuál iba a ser un día normal mío, o un mes cualquiera?

Desde luego si me hubiera visto en una foto, no me hubiera reconocido. ¿Quién es ese señor?, hubiera exclamado. La calvicie nunca entró en mis visiones de mi futuro. Además yo era muy delgado.

Me acuerdo que en esa época había un, así llamado, Club de Roma que daba de tanto en tanto unos informes sobre lo que iba a ser el futuro. Lo más benigno que decía ese club es que nos íbamos a tener que comer unos a otros para vivir un año más a partir del 2000. Cada predicción era más agorera que la anterior. Es curioso, en aquella época ese club era el súmmum de la Ciencia (así, con mayúsculas) y curiosamente no dio en el blanco ni una sola vez. Acabé por no creer a ese tan cacareado club ni siquiera cuando decía que mañana llovería.

Al final, las visiones del futuro que me proporcionó la Conferencia Episcopal resultaron ser mucho más realistas que las de ese idolatrado grupo de insoportables científicos pedantes.

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