sábado, febrero 28, 2009

Daños colaterales


Me metí en la ducha, me enjaboné, me llaman al teléfono. Yo, siempre amable, lo atiendo, alejando el aparato de la cabeza para no llenarlo de espuma. Cuando regreso al baño, descubro que han cortado el agua. El hilo que sale no serviría ni para aclararme las manos. Menos la cabeza que la llevaba llena de espuma.

Espero un poco. Decido llamar a un vecino, para saber si el asunto afecta sólo a mi piso o es mal de muchos. En este caso, el mal de muchos sólo me afectaba a mí.

Llamo, no está el vecino, pero sí un familiar con una enfermedad mental. Le digo que estoy enjabonado y salido de la ducha. Me dice que ellos tampoco tienen agua. Me despido, pero insiste en contarme un chiste.

Le insisto yo también en que no es el mejor momento: estoy mojado, lleno de espuma. No, seré breve, me dice. Al final, tengo que cortar, se lo tome como se lo tome.

Pienso, yo y mi espuma, pero me doy cuenta de que no tengo ninguna botella de agua mineral, ni en la nevera, ni fuera. Únicamente cuento con latas de Coca-Cola light, también dos tetrabrik de leche. La situación no es fácil.

De pronto, el agua caritativa se compadeció y regresó al grifo.
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viernes, febrero 27, 2009

Grandes hombres de la Historia


Mi afición a escribir posts sobre Borges y Bach, se debe en gran parte a que con los años cada vez siento más admiración por los creadores de belleza.

Por supuesto que la mayor belleza es la del espíritu. Pero estos dos hombres pudieron crear tanta belleza, por tener un gran espíritu. Es la belleza que crearon se manifestó una y otra vez su espíritu.

En estos dos hombres veo además el triunfo por encima del público. Ambos crearon sin esperar nada del público, y su triunfo ha sido sencillamente arrollador. Un triunfo que va más allá de un momento histórico, el triunfo total, absoluto.

He llegado a la conclusión de que, a veces, Dios se recrea en crear fuentes de belleza para que los seres humanos podamos beber de ellas.

También suscitó a Gandhi para enseñar a los políticos. Pienso de Buda fue un asceta que recibió una inmensa iluminación de Dios para después poder enseñar a los hombres de todo un continente. El tiempo habrá añadido cosas a sus enseñanzas y habrá deformado otras cosas, pero la grandeza de ese hombre que se llamó Buda o que llamaron Buda, se percibe a través de los siglos.

El mismo Dios que suscitó a Buda, también quiso que existiera Groucho Marx y le dio grandes dones para hacernos reír. Porque nuestro Padre también quiere que sus hijos se rían. Es cierto que también existíeron Bob Hope y Jerry Lewis y muchos otros. Pero sólo hay una diferencia, Groucho era más inteligente y más gracioso.
San Agustín dice que estos grandes hombres son como montañas. El Dios que ha creado las montañas, ha hecho surgir también grandes hombres.
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jueves, febrero 26, 2009

Los grandes hombres


Hoy he visto otro fragmento del vídeo de la conferencia sobre la ceguera que dio Borges hace ya muchos años.

Es impresionante ver el aforo de un gran teatro pendiente de la palabra de un solo hombre sentado en una mesa, hablando con lentitud y suavidad. Digo que es impresionante, porque ese hombre, Jorge Luís Borges, llenaba el teatro.

Él era toda la obra que iban a escuchar. Y vaya que si lo consiguió. Todos le escuchaban en vilo, pendientes de cada palabra. No he visto todavía el final, seguro que el teatro retumbó de aplausos inacabables.

Esa conferencia se dio hace ya una generación, pero se sigue escuchando; con igual placer que el primer día. Porque lo que uno tiene delante cuando escucha la conferencia es algo evidente: un gran hombre.

Hay hombres que es como si desprendieran de sí mismos una luz, la luz de su grandeza.
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miércoles, febrero 25, 2009

Ya, por fin.

Hoy 24 de febrero, memoria de San Edilberto, he acabado por fin la novela en la que llevaba trabajando dos meses y algunas semanas.

Lo más gracioso ha sido que cuando estaba trabajando en la última página, la última de las 480 páginas, he recibido seis llamadas, ¡seis! Me ha llamado un amigo policía, un documentalista (ahora en paro), un preso (preso en la cárcel), mi madre y una señora por motivos espirituales.

También ha sido curioso, cuando en el día de hoy he escrito que en el libro habían muerto varias personas, y entonces he pensado que en mi vida real, durante la redacción de esta obra, diez años, también han muerto amigos míos, familiares, sacerdotes.

Comencé este libro siendo un joven de treinta años, y ahora me miro al espejo y veo un señor.

Ahora ya sólo queda atar una serie de detalles en la obra, me llevará un par de días.

He estado tan absorbido en la construcción de este libro, que lo primero que haré será poner orden en mi habitación, en la cocina y en un par de sitios más de la casa. Durante estos días han sido tantas y tantas las cosas que me he dicho que las haría en cuanto acabara. El caos de mi piso ha sido uno de los precios que he pagado por estar absolutamente centrado en mi trabajo. Que la obra progresaba, se veía en la acumulación de papeles y objetos en los más diversos rincones.


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martes, febrero 24, 2009

Fortea esquiando


Por la mañana me he ido a esquiar a Xanadú. La pista de nieve de Xanadú está situada dentro de una estructura gigantesca, con tres grados bajo cero incluso en el ardiente agosto. Todo situado en un centro comercial del sur de Madrid. Tiene telesillas y una pendiente de varios centenares de metros.

Sólo había esquiado una vez en mi vida. Y la cosa salió tan bien que he tardado veintidós años en repetir la experiencia. La experiencia de hoy me ha salido tan bien que me retiro del mundo del esquí para siempre. No pienso volver a intentarlo nunca jamás. Como Santo Tomás, una vez y no más.

He estado más tiempo en el suelo que esquiando. Por supuesto no he salido de la pista de los niños en la hora y media que he estado. La cuestecita suave era espantosa para mí, porque en hora y media no he logrado hacerme con la técnica de frenado.

Sin querer me embalaba empotrándome en el montón de nieve de uno de los lados, siempre el mismo. Me volvía a poner de pie, para lo cual empleaba varios minutos, y de nuevo me volvía a embalar sin yo quererlo y a empotrarme en otra zona del margen un poco más abajo.

He llegado a la conclusión de que el esquí no es una actividad natural para el hombre. El ser humano no fue creado para esquiar. Los pies del hombre no están diseñados ni para resbalarse por la nieve, ni para deslizarse sobre el hielo. La Biblia no habla ni una sola vez de que uno solo de sus personajes esquiara nunca.

Cuando me vi en tierra firme de nuevo, al salir de ese diabólico remonte artificial, me alegré tanto como Jonás como cuando fue devuelto a la playa. No pienso caer en la tentación nunca más.
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domingo, febrero 22, 2009

Hoy haré una confesión


Disfruté durante esos años, de todas y cada una de las horas en las que trabajé en ese concurso, leí en el final de las memorias de Groucho Marx, refiriéndose a un programa que presentaba en la televisión.

Esa frase me impactó: disfruté de todas y cada una de las horas.

Realmente eso debería ser nuestra vida: una aventura maravillosa, continua. Cada día debería sorprendernos como a niños. Cada hora tendríamos el deber de ser felices. Cada día podría ser distinto, nuevo.

No me puedo presentar como ejemplo de santidad, ni de ascetismo, ni de misticismo, ni de nada. Pero con un cierto orgullo sí que puedo decir que soy feliz.

Miro mi vida hacia atrás y puedo escribir hoy, a los cuarenta años, que he sido feliz, que los momentos de tristeza no han ido más allá de unos minutos.

Durante tantos años me he esforzado porque cada día fuera un día que pudiera recordar con agrado, que cada día no fuera una mera colección de repeticiones, sino que fuera una obra única. Mentiría si dijera que he fracasado en ese intento. Si bien reconozco que todo es don: la salud no me ha abandonado, he tenido abundancia de bienes materiales, vivo en un lugar bonito, en una ciudad que parece una postal, he podido dedicarme a lo que he querido, he podido organizar mi tiempo, he sido yo quien ha organizado mis trabajos y mis ocios.
Lamento haber hecho hoy esta tan repugnante confesión de dicha vital. Pero me apetecía flagelar un poco a los que no me quieren del todo.
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Alimentos prohibidos por el Levítico

Durante años me he preguntado por qué Dios le prohibió al pueblo judío comer tantos tipos de animales. Comprendo que les prohibiera mentir, robar y otras cosas. ¿Pero por qué prohibirles comer tal o cual alimento?

Durante años llegué a la conclusión (lo leí en algún sitio) que la prohibición tenía como razón el hacer de algo tan físico como el comer, un acto de obediencia. Si por Dios dejas de comer algo, el comer se transforma en un acto de sumisión a Él.

Esta razón me convenció, pero siempre pensé que detrás de la prohibición, debía haber alguna razón más.

Ahora estoy convencido de que Dios les prohibió comer ciertos alimentos porque eran menos saludables que los alimentos permitidos.

Y es cierto que hoy día tenemos razones para afirmar que los alimentos que prohíbe el Levítico, son perjudiciales si se abusa de ellos. En esa prohibición divina, vemos un Dios que se preocupa del alma, sí, pero también del cuerpo.

Y por eso, he hecho propósito de comer menos alimentos de los que el Levítico considera impuros. Para mí son puros. Pero el hecho de que no sean impuros, no significa que la razón higiénica por la que se prohibieron no siga subsistiendo.

Con lo cual hago propósito de comer menos cerdo, menos marisco (compraba muchas bolsas de gambas congeladas), menos grasa (eso significa menos chorizo) y menos pulpo (últimamente tomaba mucho) y menos calamar.

Afortunadamente no tomaba mucha carne de águila, ni de hurón, ni de elefante, ni de murciélago, ni de caballito de mar. Alimentos estos que cualquier rabino del mundo le diría que a la hora de ir al supermercado, no los ponga en su cesta.

No digo yo que no haga una excepción si me apetece. Pero trataré de no abusar de ellos.
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sábado, febrero 21, 2009

El ocaso de cada cura


La vejez del pastor sentado todo el día en un sillón de una residencia, es una verdad terrible que me hace meditar acerca de la vanidad de las cosas, todo es vanidad, absolutamente todo. Esos sacerdotes abandonados nos recuerdan que nuestros deberes, nuestras ilusiones, tienen que tener como fin a Dios, porque al final sólo queda Dios.

Conocí a un cardenal canadiense en el apogeo de su esplendor eclesiástico en la Curia Romana, yo era un joven de veinte y un años. Quince años después, me lo volví a encontrar, por casualidad, en una residencia de religiosos pocos años antes de morir, retirado desde hacía muchos años, sin poderse levantar de su silla.

Ése es el final oscuro del cardenal y del capellán, de un vicario episcopal y de un canónigo. Deberíamos meditar más acerca del tramo final de nuestro paso por la tierra. Nosotros los eclesiásticos estudiamos nuestras licenciaturas, nuestros doctorados, con pasión. Trabajamos con ardor. Pero el final de nuestra vida nos enseña cómo el afecto de nuestros feligreses es flor de un día que pasa.
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viernes, febrero 20, 2009

Funeral por Pablo Dominguez


Antes de ayer asistí al funeral de Pablo Domínguez. Dos cardenales, una veintena de mitras, centenares de sacerdotes, una catedral a rebosar, coro impresionante, órgano supremo, ritual cuidado hasta el más mínimo detalle, cabildo de canónigos. Pablo era un sacerdote fantástico, se merecía todo aquello. Tenía la extraña cualidad de caer a todos bien. Hubiera sido un fantástico obispo.

Pero durante todo aquel emotivo funeral, hubo una idea que me venía una y otra vez a la cabeza: los muchos sacerdotes que mueren completamente olvidados.

Sacerdotes que lo dieron todo, exactamente igual que el recordado Pablo, sacerdotes que un día fueron la sensación de la primera o segunda parroquia a la que llegaron, que pusieron todo su corazón en sus predicaciones, que entregaron sus desvelos por el bien de sus fieles, y que mueren solos, sin que nadie llore su enfermedad, ni su agonía, ni su muerte.

El contraste entre ambas realidades me parecía sobrecogedor ante la vista de tantas muestras de sincero cariño.

Cada sacerdote que se apaga en una residencia sacerdotal, cargado de años y sufrimientos, fue un día lejano un sol que llegó a una parroquia, tuvo su grupo de admiradores, su grupo de amigos, hizo excursiones, hizo todo lo que estuvo en su mano con el ardor de la juventud.

Pero el final de nuestra vida nos enseña cómo el afecto de nuestros feligreses es flor de un día que pasa.
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jueves, febrero 19, 2009

¿El cura tiene que ir vestido de cura?


Detrás de las vestiduras eclesiásticas, como de los ornamentos litúrgicos, hay toda una teología. Primero fueron los ornamentos litúrgicos. Pero en cuanto la Iglesia fue libre, los eclesiásticos quisieron proclamar a los cuatro vientos, en la calle, en el mercado, en todas partes, su consagración, el carácter sagrado de su misión.

¿Por qué en Oriente y Occidente, en Etiopía y entre los germanos, por qué en todas partes, también entre los cristianos de Irak o Irán, los clérigos vistieron de forma diferente a los laicos? En esa época, desde luego, no hubo una autoridad central que lo impusiera. Incluso los que se separaron de Roma, mantuvieron esta realidad eclesial de unas vestiduras diferentes para los sacerdotes, para los monjes, para las monjas.

Decir que los sacerdotes deben vestir como todo el mundo, supone olvidar que cada uno se manifiesta a sí mismo a través de la ropa que escoge. Si yo quiero manifestar con mi ropa que Dios lo es todo para mí, ¿por qué debo cohibirme?

Pero la ropa no sólo manifiesta eso, sino que por ejemplo una sotana, manifiesta una continuidad secular. El mismo color no es algo que haya aparecido por azar. El negro es solemne, recuerda la muerte al mundo de aquellos que lo portan. El blanco del alzacuellos su pureza.

En medio de un mundo secularizado, de unas calles en las que no hay referencia ninguna a la otra vida, ni a Dios, me encanta ver a monjas, frailes y curas que van predicando con su paso y su porte. Del mismo modo que en Nueva York me gusta ver a los rabinos y a los judíos por la calle. Pues ellos van proclamando con su presencia VISIBLE que el Pueblo de la Alianza sigue vivo.
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miércoles, febrero 18, 2009

El Vaticano y la pobreza en el vestir


Continuación del post anterior:

Y así en esta revisión de la Curia, llegamos hoy a ese punto en el que los apasionados amantes de la pobreza dicen: despojaos de vuestros báculos, tirad al barro vuestros anillos, empeñad vuestras cruces pectorales.

Ciertamente los obispos llevan encima una cierta cantidad de metales. Nunca tan pocos metales han dado tanto que hablar. La aversión de ciertos teólogos holandeses y nicaraguenses por ciertos elementos de la tabla periódica no deja de sorprenderme.

Pero esta manía contra el hermano oro y la hermana plata, alcanza también a las vestiduras. De hecho, todavía en algunas sacristías de pueblo quedan restos de la vorágine postconciliar en forma de alguna casulla psicodélica.

Según estos amantes de la pobreza, el clero tendría que ir aún con el cuello de jersey típico de las Comisiones Obreras. Todavía uno recuerda a curas con la americana gris sobre el jersey azul o granate. Combinaciones increíbles que no se le habrían ocurrido ni al que asó la manteca, pero que las vimos en los trajes de nuestros párrocos durante dos decenios.

Por supuesto que el que quiera seguir el camino estético setentero, está en su perfecto derecho. Pero la juventud de hoy día es muy sofisticada, ya no es la de las patillas de los sindicatos mineros del carbón. Se siente atraída por el esplendor y el boato eclesiástico, lo mismo que se siente atraída por las grandes recepciones de la realeza europea. Esto es un hecho, no una teoría.

Toda esta santa polémica por las vestiduras probablemente podría dar lugar a una guerra de versículos. Pero mi posición es muy clara: que cada uno haga según le inspire el Espíritu. Dad una túnica a lo San Francisco al que quiere una túnica a lo San Francisco, y dad protocolo vaticano al que quiere protocolo vaticano. No perjudica a terceros el que quiere ir con una túnica sencilla y sandalias, y no perjudica a terceros aquel al que le van las esclavinas y los fajines.

Con lo sencillo que es que todos estén contentos. Pero siempre hay al lado del camino un teórico de la pobreza que quiere que el monseñor vaya hecho unos zorros. Pues no, que el Hare Krisna vaya como Hare Krisna, que el punk vaya como punk, que las señoras inglesas del té de las cinco vayan como les de la gana. Mi Reino no es de este mundo de la moda, podría haber dicho nuestro Fundador.
A mí, desde luego, no me haría ninguna gracia ver a Benedicto XVI vestido de mono y con una llave inglesa en la mano. Si viera eso, me parecía estar en una película de Buñuel. Y algunos eso es lo que quieren: transformar a la Santa Iglesia Cátólica en una película surrealista. Algunos iconoclastas es que parece que hayan salido ayer de la selva.
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martes, febrero 17, 2009

Vaticano: poder y autoridad.


Continuación del post de ayer, segunda parte:

Frente al concepto actual de ortodoxia, frente al concepto actual de unidad eclesial, propones una nueva etapa de libertad, de experimentación. Pero no podemos olvidar que esa etapa de experimentación ya ha tenido lugar. Ya ha ocurrido el que las comunidades siguieran su devenir de un modo completamente autónomo a cualquier sujeción jerárquica.

Desde el siglo XVI, han sido infinitas las veces que el experimento presbiteriano ha tenido lugar. La comunidad de creyentes, el depósito de la fe, se han reinventado a sí mismos una y otra vez. Los resultados son concluyentes: sólo han permanecido en el tiempo las comunidades (pequeñas o grandes) que han desarrollado estructuras jerárquicas paralelas a las de la Iglesia Católica.

Lo mismo podemos decir de los pequeños e idílicos grupos evangélicos donde todo parece improvisación y sencillez. Todo parece improvisación y sencillez, pero sólo un depósito de la fe firmemente definido por una jerarquía de ancianos evita la disolución de este tipo de pequeños cenáculos.

En Estados Unidos he conocido grupos de este tipo que se reunían en casas, grupos donde no había sacerdocio, donde todo era cantar y dejarse llevar por la gracia. Pero al conocer estas realidades de cerca, puedo asegurar que había unas personas o una sola persona (aunque fuera una viejecita) que ejercía férreamente la autoridad.

Puedo asegurar que esas realidades eclesiales acéfalas, si duraban más allá de un año, era porque al menos una persona (a veces un ama de casa) ejercía la potestad de gobierno y la autoridad de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Y puedo asegurar que a veces una viejecita de traje floreado, o un zapatero, puede ejercer esta autoridad de un modo tan férreo e inflexible como Torquemada en sus mejores tiempos. Y esta misma realidad es la se lleva repitiendo desde Lutero y Calvino.

Lutero y Calvino clamaron contra la Curia Romana, únicamente para erigirse ellos mismos en Curia. Los que defienden a estos falsos reformadores, lo hacen a partir de sus escritos. Pero olvidan completamente el estudiar los escritos de los discípulos de los reformadores, escritos (sobre todo cartas) en los que nos cuentan con detalle del modo que esos reformadores entendieron que había que administrar la libertad de los demás.

Pero si seguimos la luz de la Sede de Pedro no es porque lo haya hecho mejor que los predicadores de la libertad, no es por una cuestión de eficacia. Tampoco por estética. Tampoco porque nos guste la tradición. No, no es por nada de eso.

Sino porque la gran cuestión es: ¿Jesús dejó alguna autoridad que rigiera a su rebaño?
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lunes, febrero 16, 2009

Apologia pro Vaticano

Estimado Pikaza:

En días pasados he leído con placer tus escritos sobre la Curia Romana y me han alegrado mucho.
Me han alegrado, primero porque tus observaciones sobre Roma respiraban inteligencia, mucha inteligencia, y segundo porque lejos que atacarla con saña, todo el rato estabas sólo a un paso de eso que podríamos llamar ortodoxia.

Sin embargo me gustaría hacer algunas humildes observaciones. Hoy analizaré sólo cuatro puntos, mañana continuaré.

Muchos son los que se quejan de que la Congregación para la Doctrina de la Fe tenga autoridad para interpretar, y defienden que los teólogos sean completamente autónomos dentro de la Iglesia. Pero al pedir eso se olvidan de que cada teólogo al explicar las Sagradas Escrituras, al hablar de moral o de Teología, está erigiéndose en autoridad él mismo. Con sus escritos o sus clases está indicando a los que le lean o escuchen cómo debe entenderse algo, hasta dónde llega lo lícito o lo ilícito.

Muchos se quejan del mismo concepto de Ley en la Iglesia, de su misma existencia, cuando la Iglesia debería ser vida. Pero hay que hacer notar que Cristo trae una Nueva Ley. Sus palabras se erigen en norma. El Hijo del Hombre va a ordenar, a organizar y a otorgar un poder rector y legislativo. Guste o no guste, los textos evangélicos en que el Cristo se nos muestra como el Nuevo Moisés son muchos y de una rotundidad que no deja lugar a dudas.

El Mesías era un itinerante pobre, despojado y humilde, pero pretendía que su Iglesia fuera una casa. A muchos les gustaría que la Iglesia, hoy día, siguiera siendo una suma de maestros itinerantes con discípulos oyentes. Una Iglesia de una simplicidad bucólica y arcádica. Eso es muy bello, pero la voluntad de Jesús era construir una edificación sacra. Por eso a Simón, le llamó Cefas. No hay piedras donde sólo hay itinerancia. Sólo hay piedras donde se quiere construir. En el momento en que admitimos esta voluntad de Jesús, este plan, hay que admitir que esa construcción se haga más grande, más majestuosa, más amplia, y que en ella haya siervos, criados, distintas funciones en el servicio, algunas de ellas muy especializadas.

El cristianismo que algunos teólogos proponen, es un cristianismo de islas. Un cristianismo en el que los creyentes forman islas independientes en un archipiélago de libertad absoluta, pero que no forma una unidad. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo quisieron que su fe creara un pueblo. Lo que hoy día tenemos no es una traición al mensaje del Redentor, sino la continuación de una tradición, la continuación de una vida, la evolución de un cuerpo.




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sábado, febrero 14, 2009

La envidia como pecado sano


La verdad es que llevo la vida que quiero llevar. Mi vida es lo que deseo que sea y en cierto modo vivo en la tierra de utopía. Pero ahora que leo la autobiografía de Groucho Marx, siento una cierta envidia sana al ver la existencia tan llena de vitalidad que llevó. Una vida haciendo reír, oyendo las risas de sus semejantes.

También siento una sana envidia por la vida de Borges. ¡Qué profundidad de pensamientos había en su cabeza! Y al mismo tiempo qué vida tan tranquila, tan sosegada y tan rodeada de amor.

También siento un poco de envidia de esos jóvenes que se lanzan en tabla por las laderas nevadas de montañas que me parecen imposibles. Las escenas que he visto en la televisión son impresionantes. ¿Y qué hago yo en este sillón pienso, con esta bandeja sobre las piernas y un sándwich de ensalada en la mano?

Por supuesto también siento un poco de envidia cuando veo a algunos montarse con sus tablas de surf en olas hawaianas que parecen sacadas de un cuento de hadas. Valdría la pena leer unos cuantos libros menos y montarse en alguna ola, pequeña, de algún lugar cercano y barato.

También siento un poco de envidia de Brian Sewell y de Sanchez Dragó por sus viajes y las vivencias que han tenido en ellos. También envidio a San Benito y San Juan de la Cruz por sus vidas recogidas en la paz del claustro. Os aseguro que también he envidiado a Dart Vader por su capacidad de apretar el pescuezo a alguno sin dejar rastro.

Pero de todas las vidas, reconozco que la mía es la que me cae más cerca. Además, me he cogido cariño. Algunos dicen que soy horroroso, pero la verdad es que me caigo simpático. Molo, sí.
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Distinguiendo entre el bien y el mal


Otro clásico en cuando el jefe de los villanos antes o después acaba ordenando a sus esbirros que maten al héroe, normalmente un héroe acompañado de una heroína, siempre grita de un modo contundente: ¡matadlos! Ese modo de dar la orden es muy característico, con mucha convicción. Aunque se puede apostar veinte a una, a que al final algo pasa y el héroe se escapa.

Durante años, los soldados malos llevaban un casco con una especie de penacho metálico cortito. Y el jefe de los malos llevaba capa. La capa era imprescindible. Y además el villano solía poner los brazos en jarra.

El bueno sonreía. Mientras que el malo sonreía, sí, pero malvadamente. Por si todo esto no dejara clara la división entre el bien y el mal, el héroe era guapo (nunca vi un héroe feo o anciano), mientras que el villano era feo. Tenía a varios científicos con bata blanca bajo sus órdenes. Pero curiosamente él nunca iba con bata blanca. Que el jefe de los malos fuera científico debía estar prohibido o algo así.


Los malos tenían predilección por las islas tropicales y por los refugios subterráneos. Ya no digamos nada de los volcanes inactivos. Los volcanes eran para ellos como un vicio. Aunque lo que realmente era un vicio para ellos, eran las armas definitivas supersecretas. Dentro de ellas, el misil que iba a despegar automáticamente después de una cuenta atrás, era un clásico.

Y es que el público necesita patrones claros, nítidos, sino se despista. Y no queremos que el público se despiste. Si el público se despista hoy, mañana pueden salir niños raros que les de por conquistar el mundo o cosas así.

Bueno, después de toda esta explicación sobre la diferencia entre el bien y el mal, entre el héroe y el villano, ya los sabéis distinguir. Ya no os pueden dar gato por liebre. Y por tanto ahora viene la pregunta práctica: ¿Chávez (el Inmarcesible Lider Bolivariano) está en el lado de los héroes o en el de los supermalos?

Bueno, pues sea cual sea la respuesta, por favor, si es usted venezolano no vote por su reelección el próximo domingo. Por cada voto que le entreguen a Chávez, un gatito indefenso muere en algún lugar del mundo. Por favor, hágalo por los gatitos.
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viernes, febrero 13, 2009

Patrones claros: el bien y el mal.


Todas estas películas de las que hablé en posts anteriores (hablé de dos películas) no pueden ser incluidas en una categoría, porque han creado una nueva categoría en el mundo cinematográfico.

Lo gracioso es que no son comedias, porque fueron hechas totalmente en serio. Lo irónico es que la mala película se convierta en objeto de culto y supere ampliamente en difusión a la película buena.

Todo lo cual nos lleva a una curiosa reflexión acerca de lo que es bueno y es malo. Así como también es muy interesante analizar la expresión del mal en ellas.
Desde luego son muy curiosos los uniformes de los soldados malos. En seguida sabes quienes son los del bando malo, porque tienen un uniforme de malo. Después no hay que despreciar la risa maléfica del villano. Una risa en la que suele echar la espalda un poco hacia atrás.

También es muy gracioso cuando el jefe de los malos medita cómo hacer el mal: pone una mirada de malo meditando muy específica.

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jueves, febrero 12, 2009

Choque de Galaxias II


Las películas de ciencia-ficción de aquellos años 70 comenzaban siempre con el oscuro universo en silencio, en el que de pronto emergía la escena de una nave enfocada desde un ángulo inferior y que avanzaba inacabablemente, mostrándote su panza con un sonido grave que venía a decir: ¡mira que nave tan grande soy!

Pero Choque de Galaxias ofrecía mucho más que esa primera escena: una música increíblemente mala (yo no sabía que se podían componer bandas sonoras tan malas), el atrezzo era de nivel de teatro de instituto, los malos todos eran del tipo villano-007, los efectos de sonido son de juzgado de guardia.

Sí, la película me ha encantado. Aunque tiene cosas comunes a todas las películas de esa época. Por ejemplo, en las naves espaciales todos andan muy ocupados en mirar pantallas pintadas y presionar botones también pintados. Aun así todos parecen trabajar con mucha concentración.

La heroína, incluso en la prisión donde cumple condena de varios años, sigue teniendo el pelo como si hubiera acabado de salir de la peluquería

Pero lo mejor de todo es el guión. Ah, el guión. Es todo un monumento a lo involuntariamente gracioso. Sus salidas de pata de banco resultan mucho más humorísticas cuando uno se da cuenta, una y otra vez, que todo fue escrito totalmente en serio. Aunque claro, esta obra, por grande que sea, siempre estará por detrás de la número uno por antonomasia, la que ya se ha convertido en la número 1 del universo freak: el Star Wars en versión turca.
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martes, febrero 10, 2009

Choque de Galaxias


Hay momentos maravillosos, como cuando ayer vi la película Choque de Galaxias (Star Crash). La película es horrorosa, pero yo la vi con once añitos y me pareció la mejor obra cinematográfica de toda mi vida.

Todavía me acuerdo cuando los trogloditas destrozan al robot que ayuda a los héroes, y le dije a un amigo sentado a mi lado, aguantándome las lágrimas: nunca ha habido un robot tan bueno como él.

La película tiene detalles que son graciosos de puro malos. Por ejemplo, en el grupo de los buenos había uno que tenía una cara de malo malísimo con una capa de maquillaje de malo. Y efectivamente a mitad de la cinta traiciona a los buenos. Claro que cuando habla por videoconferencia con el jefe de los villanos el conde Zarth Arn se descubre que puede haber una cara todavía más malvada. Es alguien que sin necesidad de la capa que lleva, te lo encuentras por la noche en una calle oscura, y sales corriendo.

La película era malísima, pero me ha hecho revivir esos momentos de mi infancia en los que los guiones que más me gustaban eran los sencillos, aquellos en los que el bien y el mal estuvieran claramente delimitados, aquellos en los que el bueno tenía cara de bueno y el malo cara de malo, aquellos en los que el villano solía decir a su sastre que prefería los colores rojos y negros, mientras que el bueno tenía más inclinación por el azul y el blanco y los colores claros. El bueno solía tener una heroína al lado con la que huía cogido de la mano. Mientras que el malo estaba rodeado de feos robots.

Ay, todas estas cosas setenteras nos devuelven a los años del frigodedo y nos hacen soñar.

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Una gracia


Es impresionante el poder que puede tener una gracia. Hace pocos días había una cosa que me costaba mucho aceptar, muchísimo. Tras varios días de intentar aceptar con buena cara esa cosa, de pronto recibí una gracia y, de pronto, me dio completamente lo mismo que sucediera lo que quería yo o la otra posibilidad, la que no me gustaba.

Lo que con todas mis fuerzas tanto me costaba aceptarlo, repentinamente no me costaba absolutamente nada. Me quedé admirado de cómo nuestra vida puede cambiar tanto con una gracia, con una simple gracia.

Pedid las gracias a Dios. Cuánto puede cambiar nuestra existencia con una sola de ellas.
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lunes, febrero 09, 2009

Insomnio bendito II


(Continúa del post anterior)

Así que me levanté. Pero de camino hacia mi Biblia, pensé que para que lo que leyera fuera una señal indudable de que Dios me decía esa cosa, sería necesario que apareciera una palabra en concreto, una palabra muy específica. Pero al ir hacia el Libro, pensé: realmente es muy difícil que aparezca esa palabra donde ponga el dedo.

Me arrodillé, hice una fervorosa y breve oración delante de un icono de Jesús bendiciendo. Abrí la Sagrada Escritura, puse el dedo: ¡y allí estaba justamente esa palabra!

¡No me lo podía creer! Me hubiera conformado con un mensaje de consolación, de amor, de confianza hacia Dios. Pero no, allí estaba exactamente esa palabra tan específica.

Regresé a mi cama y oré con una devoción filial hacia Dios que me hizo derramar lágrimas de gratitud. El sueño llegó en un cuarto de hora. Y ese versículo llenó mi día, en la jornada siguiente. Y espero que llene de gozo y alegría muchos más días.

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sábado, febrero 07, 2009

Insomnio bendito

Ayer por la noche no dejaba de dar vueltas entre las sábanas de mi cama. Eran las tres de la noche y el sueño no llegaba. Normalmente cuando esto me sucede, se debe a que he cenado algo muy indigesto. Pero en este caso tenía la sospecha de que un asunto que creía que no me afectaba, quizá inconscientemente me afectaba más de lo que pensaba.

Me puse a rezar el rosario, pero nada. Tumbado como estaba, me puse a hacer oración mental, pero nada. No estaba nervioso, no estaba inquieto, simplemente el sueño había huido de mi cama.

Entonces, en mitad de mi oración le pedí al Señor que me diera una señal sobre cierto tema que para mí era muy muy importante. Le supliqué humildemente que me mostrara en la Sagrada Escritura si eso iba a suceder. Después de hacer la petición, dudé un segundo si levantarme, encender la luz e ir al salón que era donde tenía la Biblia. Tenía la ventana abierta (a veces duermo con la ventana abierta) y como es invierno hacía bastante frío. Entonces me vino a la mente: tolle et lege, toma y lee. No digo que oí una voz de lo alto, pero sí que vino a mi mente ese pensamiento.

Así que me levanté. Y entonces

(seguirá mañana)


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Crux fons omnium bonorum


Ésta es la foto de mi última charla en Colombia.

La Cruz de Cristo es la fuente de todos los bienes.
Cuando soy débil, es cuando soy fuerte, dice San Pablo.

Sí, en la debilidad, en la prueba, en el sufrimiento, en la cruz, es cuando mejoramos, cuando nos fortalecemos, cuando no hay nada que temer. Cuando todo va bien, cuando todo son alabanzas, cuando estamos rodeados de prosperidad, es cuando debemos temer por nosotros.

Normalmente le agradecemos a Dios todo lo bueno que nos da. Pero es la cruz el gran regalo de Dios. Nunca le agradeceremos suficientemente su generosidad al permitir la cruz en nuestra existencia. Si supiéramos, lo que le cuesta. Si supiéramos lo duro que es para Él permitir que sus hijos sufran y no hacer nada.

Aunque cuando sufrimos, hace mucho. Es cuando más operante se encuentra. Ver que sufrimos y callar y ocultarse, le es muy duro. Pero sabe lo que de allí se deriva.

A todos aquellos que sufrís, con culpa o sin ella, agradecédselo, porque a Dios le cuesta que sufran hasta los que tienen culpa. E incluso los que tienen culpa, si recapacitan, serán purificados, serán amados. Benditos aquellos que acogen el sufrimiento con la misma alegría que los bienes de este mundo.
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jueves, febrero 05, 2009

Un ángel entre agustinos: la oveja blanca de la familia

Muchos días, hoy uno de ellos, me paso todo el día inmerso en la revisión de mis libros. Salvo el tiempo dedicado a mis oraciones y unos breves descansos, me subo al andamio de mi novela y no bajo más que para hacer mis oraciones, comer y descansar un poco tras la comida y la cena.

Después llego a la noche y pienso: la literatura no merece tanto.

Si pudiera repetir mi día, hubiera descansado más y no en soledad. Hubiera ido a comer con alguien, me hubiera dado un paseo, hubiera ido al cine, lo que sea. Hoy no es una excepción, hay más días como éste, muchos.

Cierto es que después se ve claramente el libro hecho con pasión, del que fue hecho sin ella. El libro que costó sangre, sudor y lágrimas, del montón de papeles escritos.

Por mis libros he derramado muchas veces literalmente lágrimas y sudor en el proceso de su escritura. No recuerdo haber derramado sangre por ellos, excepto aquella vez que me clavé una grapa en el dedo al grapar varias hojas. Y una vez me corté otro dedo con el filo de una hoja, sería una hoja traicionera. Pero, claro, eso no cuenta.
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Bucaramanga (Colombia).

En esta foto, aparezco en la misa que dije en Bucaramanga (Colombia). Había 12.000 personas. Es impresionante tener el poder de influir en decenas de miles de corazones con una sola predicación.

En momentos así, uno se siente abrumado por la responsabilidad. Uno comprende que de esa predicación se puede producir un cambio radical en la eternidad de tantos seres humanos.

La única cosa que me animaba a proseguir con mis viajes y predicaciones, era la sonrisa de la gente que me acogía, su bondad, su apertura a mis palabras. Ello me infundía valor a pesar de considerarme bastante indigno. Sus rostros, sus apretones de manos, sus abrazos me animaban a seguir adelante.

Los dos viajes a Colombia han sido una verdadera predicación para mí. He vuelto mejor, con más deseos de santidad.


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miércoles, febrero 04, 2009

Lo que he sacrificado


Muchos habéis captado a la perfección el espíritu de esa música que os mostré ayer. No hay una frase que resulte suficiente para definir lo que esa alegre melodía me sugiere y me repite: sencillez limpia, alegría de vivir,

Es una música tan evocadora para mí, tan ingenua. Me transporta a otra época, la de los personajes que aparecen en esas imágenes. Porque esos dos niños tenían mi edad cuando se filmó la película. Yo era un niño como ellos en 1979. Aunque no vi esas escenas de los niños, hasta 2009, cuando esos niños ya no existían como tales. Si en su momento hubiera visto esa película, hubiera producido en mí unos determinados sentimientos, bastante predecibles por otra parte. Pero ahora, en los 40, me produce sólo el efecto de las Coplas de Manrique: un efecto dulzón, nostálgico.

Al mismo tiempo, esa música me muestra la alegre vitalidad de unas vidas que comienzan, me muestran la fatalidad humana, lo abocados que estamos a atravesar el umbral del ecuador de la vida, lo abocados que estamos a contemplar la desaparición de ese mundo del 1979, ese mundo en el que teníamos once años.

La entusiasmante alegría de la niñez que se convierte en juventud, la esperanza de un futuro todavía mejor, las ilusiones y sobre todo el amor.

Una música ligera, sin cargas, pizpireta, una melodía pseudo-jazzística con lejanos tintes barrocos, como admirablemente ha dicho uno de los comentaristas. Aunque todo este post está compuesto de retazos de comentarios.

Pero sobre todo la música me recuerda la belleza del amor humano que no conocí.


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lunes, febrero 02, 2009

El padre Fortea examinando atentamente a los teólogos colombianos

Hoy, desde después el descanso de después de la comida, me ha venido acompañando la música de Georges Delerue. Su música me inspira, me eleva y me anima. Especialmente una obra que me fascina.

Georges tiene muchas músicas bastante normalillas, pero su banda sonora para Steel Magnolias y para Un hombre para la eternidad, son impresionantes.

En la gran coral de La noche americana es Bach. No digo que su música sea tan buena como la de Bach, es que es Bach. Así también sé componer yo. Cuando te falta la inspiración, siempre puedes recurrir a lo de antes.

Pero, a pesar de éste y algún que otro resbalón, me gusta sobre todo por la tonadilla alegre, vital, sencilla, de Un pequeño romance. La podéis escuchar en el minuto 4:00
de este link
http://es.youtube.com/watch?v=1D3lm0GlKx4

¿Por qué me fascina tanto esta música tan ingenua? Pues lo dejo a vuestra inteligencia. Es más, os he puesto el link para que lo escuchéis y saquéis vuestras conclusiones. Mañana leeré todos vuestros comentarios, para ver quién me ha calado más mi espíritu a base de leer tanto post. Tengo genuina curiosidad por atender a vuestras profundas consideraciones.

Sé que parece una pregunta obvia, ante las imágenes que vereis en el link. Pero no os dejeis engañar por la apariencia de la obviedad.

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domingo, febrero 01, 2009

No hay nada como la ciencia

Ayer apareció en El Mundo la noticia de que más del 50% de los británicos no acepta la teoría de la evolución de Darwin.

Eso me parece no sólo bien, sino hasta lógico. Probablemente, en el año 2020, conforme avance más la ciencia, será más del 70% los que no acepten el evolucionismo zapateriano puro y duro.

Incluso si ahora entre los británicos es tan alto el escepticismo, entre los mismos chimpancés el antidarwinismo supera el 80%. Entre las tortugas casi roza el 90%.

Esta oposición al evolucionismo se debe a que durante años se nos ha dicho que o Darwin o Dios. ¿Pero por qué no era posible escoger a Darwin y a Dios?

Pues no. En la universidad no era posible porque los ateos, poniéndose una bata blanca a modo de uniforme inquisitorial, te decían que no, que esto no era una ensalada en la que puedes poner tomate y lechuga. ¡No! El menú era claro: o nosotros o tus ideas medievales. O la electricidad o tu misa dominical. O ir a la luna o tu novena.

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Aquí estoy yo, a tan corta edad, mostrando cuáles serán mis futuras aficiones