miércoles, enero 06, 2010

El cementerio de Buenos Aires: La Recoleta


Este gracioso cuadro lo tomé de esa gran web que es Ceremonia y rúbrica de la Iglesia Española. No tiene mucho que ver con el post, pero es un cuadro tan gracioso.
De mi paso por Buenos Aires en diciembre me acuerdo de mi prolongado paseo, inacabable, tan inacabable como la desmesura de esa ciudad. Es una ciudad, pero podría ser un país. La ciudad en sí ya es un mar. Horas y horas de paseo en línea recta, para acabar haciendo bucles en su parte más antigua y más noble. Toda ciudad tiene un corazón.

Me fijaba en todo, como uno se fija cuando viaja: las estatuas de generales, la Casa de los Insecticidas, los hoteles de lujo desatado, las joyerías inasequibles, la tienda de efectos especiales (en letra pequeña: para salas de fiestas), los pequeños utilitarios y alguna limusina de cristales tintados, el Museo del Audífono.

Por fin llegué a su parte comercial: la vida bulle, bazar, movimiento, ruidos de cosas, sonidos de personas, fragmentos de conversaciones.

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