sábado, enero 30, 2010

Lo de ayer era broma. Que sí, que era broma. No hablaba en serio.


El post de ayer fue un post de broma, un iocus. Pero sí que es cierto que en todo, hasta en las cosas buenas, hay pecado por defecto y pecado por exceso. En este tema de las vestiduras, también puede existir la gula.

Me gusta reírme de mí mismo. Pero en mi caso, no hay adicción, ni siquiera afición. En Roma lo único que me he comprado ha sido la sotana que llevo y eso ha sido todo. Aunque al principio, como ya dije en este blog, me compré otra sotana que resultó un horno y que tuve que dejar aparcada para usarla en grandes ocasiones. No podía ir por la vida metido en aquel abrigo que me vendieron como sotana. A esta sotana en futuros post me referiré como sotana para grandes ocasiones. Y francamente espero que sean situaciones invernales.

Hecha esa matización, vuelvo a repetir que en medio año que llevo por estos lares sólo me he comprado una sotana la que llevo. Si bien, esta próxima semana me compraré la siguiente gracias a vosotros, a la familia del blog. (Una vez más os lo agradezco.) Se trata de una sotana blanca para cuando voy a países tropicales de América Latina. Ya os pondré fotos en cuando las tenga. Éste es el único caso en todo el orbe católico en que un blog ha pagado una sotana a un cura.


La foto es de dos centenarios turcos casados hace ya más de ochenta años. Me gustó mucho. No tiene que ver mucho con el post, pero cualquiera ponía hoy una foto de nada clerical.

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