domingo, enero 31, 2010

Otro domingo que se va




Final de domingo. Al final del día uno puede hacer rememoración de experiencias. Tantas cosas. Un día da para mucho. Un día es una pequeña vida. El microcosmos de un día toca ya a su fin, quedan sólo dos horas. Estoy caliente en mi habitación. Fuera hace frío y humedad, el Tíber, el mar cercano.

El Tíber es un gran río, por él, como por todos los valles, sube y baja el aire húmedo.

Recuerdo que hoy me ha caído más de media de hora de lluvia al regresar de la misa de Santa Sabina. El amable dominico con el que he concelebrado, me ha enseñado a conciencia la Curia General de la Orden de Predicadores.

Allí he visto muchas cosas. Ese recorrido, esa peregrinación por ese macroconvento, ya de por sí ha sido transitar por un mundo en pequeño. El claustro antiquísimo, el cortile de los naranjos, estatuas, la primera representación del Crucificado en Occidente, el refectorio, frailes que iban y venían con sus hábitos blancos por esos pasillos desiertos y silenciosos. En honor a ellos, a esos hombres de la ciencia y de la predicación, la foto de hoy de arriba.

Ahora escucho la banda sonora de Memorias de una geisha. Me he tomado de postre un yogurt de limón, un gran yogurt alemán cremoso. Estas cosas son las que me pierden.

Me he reído mucho en la cena con dos canonistas italianos, el tercer italiano no recuerdo qué estudia. El italiano comienza a fluir de mi boca. Ya no es un parto, es un fluir. Ya no sólo dices cosas, sino que expresas matices. Bueno, el día se acaba. Hoy he andado por la mañana hasta Santa Sabina, y después de la cena hasta Piazza de Spagna.

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