sábado, enero 16, 2010

Padre Fortea, los mayas y tal.

En la foto, se me ve bajando de una pequeñita pirámide maya en La Piedad (México). Todos me miran para ver si me caigo. No les di el placer.
Pero pasemos al día de hoy, de este febrero soleado que hemos tenido en Roma.

Ferignandocio, así llamo a la unidad que forman dos sacerdotes hermanos que me sacan de excursión. Gran obra hacen, pues yo motu proprio nunca doy un paso. Pero si me dicen ¿vamos a tal sitio?, respondo: sí, sí, claro.

Y así, con la regularidad con que otros riegan sus geranios, ellos me sacan, cosa que me hace mucho bien, pues veo mundo, respiro otros aires, y compruebo que Roma no acaba en la última parada de la línea 85 del autobús.
Hoy hemos visto el Museo de la Civilización Romana: impresionante. Vale la pena sólo por ver la maqueta de Roma Antigua. Además, viviendo en Roma, uno ve la maqueta y dice: ah, mira, allí está ahora la Plaza Navona, y allí la pastelería donde hacen esos dulces tan buenos. El plano de Roma pasa a ser algo familiar, recorrido y reconocible. Algo totalmente distinto a cuando lo veía hace veinte años.

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