martes, enero 12, 2010

Sábado Cine o la emoción de la infancia

(Continua el post de ayer).

Incluso una película nueva ya la veo con mayor crítica. Me fijo en los defectos. Esos ojos ingenuos han desaparecido. Hay cosas irrecuperables. Comentaba con algunos de mi generación la emoción con que escuchábamos la música de Sábado Cine. A uno le puse la música por teléfono, la de la cabecera del programa, y me dijo que se emocionó. La vida suele producir un cierto endurecimiento del alma, eso es cierto. Ojalá nuestro interior se mantuviera siempre en la infancia espiritual. Ojalá la vida la viéramos siempre con los ojos de los niños que todos fuimos. Ojalá la vida fuera siempre una aventura, un descubrimiento. Ojalá cada día fuera algo nuevo.
He conocido a personas muy religiosas, sobre todo monjas, que conservaban un alma cristalina. Eran espíritus de niños en cuerpos ancianos. Su mirada y su sonrisa era completamente especial.
Yo quiero ser como ellos, pero de momento me veo más parecido al cardenal Richelieu que a Santa Teresa del Niño Jesús. A veces también me noto ciertas semejanzas con el cardenal Somalo.

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