domingo, enero 03, 2010

Tarde de domingo romana

Que extraordinaria es la primera pieza de la Gimnopedie de Satie. Sencilla, inspirada, lenta, se regodea en sus propias notas, como si fuera consciente de que sus pocas notas lo expresan todo. Qué lentitud, una música que fluye lenta. El piano avanza al ritmo de los pensamientos, de los sentimientos, del autor.

Hoy he acabado de ver El Aviador. Esperaba más del autor de Casino. ¿Qué es lo que hace que una gran historia sea una gran historia? La pregunta de siempre. Aquí no había un gran guión. La película no tenía nada que hacer con una mala historia.

Más me gustó, aunque no mucho, Nixon contra Frost. Tampoco aquí había un buen guión. Todos hicieron lo mejor por sacar el máximo del papel que les dieron.

Yo lo que quiero ver es Bucarest, un documental formidable sobre el alzeimer. A ver si algún alma bondadosa me lo encuentra por la Red y me da el link. Un reportaje como ése (vi un trozo) puede lograr diez mil veces más con su pequeño presupuesto que una película de gastos colosales. Pero un reportaje hecho por un hijo como homenaje a un padre cuyo yo se va desdibujando, es ya de por sí una historia grande. En el trozo que vi de ese documental vi cariño, amor, inteligencia en el contar la historia. También sencillez al contarla.

Un yo que se desdibuja, un dibujo que se va difuminando, un yo que se deshace, eso sí que es y será una narración digna de ser oída. Por grande que sea el yo, el alzeimer puede con él. Un mal modo de acabar la vida. Una especie de pesadilla para acabar, antes de despertar.

¿Cómo será mi final? ¿Lo reflejaré en el blog? ¿Podré escribir desde mi lecho en un hospital? ¿En mi casa? Será un modo divertido de acabar la existencia. Un modo de estar acompañado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario