jueves, enero 21, 2010

Vida cotidiana


Hoy ha llegado nuestro obispo-rector (somos el único collegio de Roma que tiene un obispo como rector) y para mí ha sido un placer hablar con él en perfecto (más o menos) italiano.
Pensé que viniendo él la cena sería mejor, pero no. Pan tostado con tomate de primero y bacalao rebozado de segundo. De postre, mandarinas. No me quejo, la comida es buena, abundante y hecha con amor por parte de las monjas.

Simplemente es que he pensado que la cena sería mejor por acompañarnos quien nos acompañaba. Pero ya veo que aquí la plantilla de comidas se sigue a rajatabla, llegue quien llegue.

Nos ha dicho que una mañana iríamos los cuarenta curas a concelebrar en la cripta de San Pedro, en la tumba de Juan Pablo II.

La verdad es que ahora que estoy aquí, me apetece volver a ver Ángeles y demonios. Sea dicho de paso, hace poco vi Vacaciones en Roma y qué rollo.

1 comentario:

  1. Anónimo9:20 p. m.

    Padre Fortea, que no vuelva a verlo sin el cleryman :).
    Saludos

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