martes, febrero 23, 2010

Comprando un reloj II

Los que me conocen, saben que nunca tengo muy claro a qué día del mes estamos. No sé porqué, pero es un dato que siempre se me va de la mente, aunque lo mire varias veces al día. No es infrecuente que tenga confusiones, incluso, con el día de la semana.

Hasta os diré otra cosa, aunque voy a quedar a la altura del betún, por alguna extraña razón de mi mente, siempre, desde pequeño, siempre me he confundido dando buenos días, incluso por la tarde. Misterios de la mente humana. Mi memoria es desastrosa y, sin embargo, siempre he hablado sin papeles delante. Si tengo que mencionar varias cosas en una conferencia, no preciso de ningún papel o esquema. Mi mente seguirá punto por punto la charla, aunque en ella haya un centenar de puntos diversos. Incluso cuando me hacen preguntas en las conferencias, nunca tomo notas. Recuerdo lo que ha dicho el que me pregunta de forma casi siempre exacta y aun literal. Sólo me olvido de alguna pregunta, cuando el que las hace aprovecha su turno para hacer tres o cuatro a la vez.

La mente es un mecanismo sorprendente. Nunca me falla en mi trabajo, aunque se trata de cosas complicadas y en gran número, y siempre me falla en las cosas intrascendentes de la vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario