lunes, febrero 01, 2010

El bucco de Roma


El dominico del domingo, al despedirme en el portón del convento me dijo que tenía que ir a ver el bucco. ¿Qué es el bucco?

Bien, el caso es que fui y me puse a la cola. Era un agujerito en un portón de otro convento por donde se veía la cúpula del Vaticano enmarcada por los setos del jardín. Una visión preciosa.

Yo estaba en la cola tan tranquilo, cuando de pronto la coreanita que tenía delante se vuelve hacia atrás y me ve con mi sotana, todo de negro. Ohhhhh, exclamó con su boquita. Un Ohhhhh largo, suave y decreciente. Incluso tenía unas ciertas ondulaciones de tono en su comienzo. Unas ondulaciones sutiles, muy orientales. Era un Ohhhhh delicado que jamás lo hubiera dicho un español aunque hubiera ensayado cien o doscientos tipos de diferentes Oh.

Al oír esa exclamación, los veintinueve coreanos que la precededían se volvieron. Y los veintinueve exclamaron a coro un maravilloso uniforme Ohhhhh exactamente igual que el primero salido de la boca de la primera coreana.

Después de la exclamación sonrieron todos a una sin decir nada. Un minutos después, habían perdido el miedo (al ver que les sonreí) y me pidieron lo que era lógico y lo que hará que esté yo presente en treinta álbumnes de fotos en treinta casas coreanas.

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