sábado, febrero 20, 2010

El jesuitismo japones y los judios


Debo reconocer que debo al jesuitismo japones el redescubrimiento de que nuestra fe es la fe de los judíos.

Es decir, de que podría abrazar a un judío como a alguien de la familia y decirle gozoso: creo en lo mismo que tu.

Creo en lo mismo que tu, mas el mensaje de Jesucristo. Es cierto, que esta afirmación requeriría varias matizaciones, varias explicaciones, pero en si misma es cierta con esa añadidura.

Añadidura que incluye a San Pablo, a San Juan y a otros. Añadidura esta que incluye a su vez a la Iglesia con su magisterio. De forma que podría escuchar con aprovechamiento y devoción un sermón de un rabino. Ellos son como de la familia.

Y si vamos mas adelante en la Historia, mi fe es la misma que la de San Ignacio de Antiochia o la de San Ignacio de Constantinopla o la de San Ignacio de Loyola.
Desafortunadamente, y con gran dolor de corazón, debo reconocer que algunas posturas teologicas modernas suponen una disolución del concepto de verdad, una ruptura con la Tradicion y, en definitiva, la conclusión de que el mensaje de Cristo fue única y exclusivamente que Dios es amor.

Quiero ser lo mas comprensivo que pueda con el que no piensa como yo, de verdad que apuesto por el buen rollito, pero al final, con dolor, debo decir con claridad que la Iglesia no es una asociación de vecinos, no es un club, no es una corriente espiritual.

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