sábado, febrero 13, 2010

Mas cosas II

sigue del post anterior)

Es sorprendente el poder que tiene a veces una mala palabra, un gesto airado, una mirada torva, para amargarnos, para desconcentrarnos, para tornar una y otra vez a nuestra imaginación.

El poder de la palabra. El poder de una mirada. De unos ojos que te miran y te dicen tantas cosas tan intensas.

Pero no es la palabra en sí misma, sino la palabra como portadora de una manifestación del interior de otra persona. La palabra como ventana a través de la cual nos asomamos a los sentimientos que esa persona tiene hacia nosotros.

¿Por qué otras personas albergan en su interior sentimientos tan acerados hacia nosotros?

Recuerdo hace una semana que concelebré en otra iglesia, y el rostro y especialmente la mirada del anciano religioso manifestaban un amor, una humildad, verdaderamente increíbles. No le conocía de nada y, sin embargo, esto era tan intenso que me causó verdadero asombro.

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