viernes, febrero 19, 2010

A mi es que cuando me tocan el diablo


(Hace poco estaba en una parroquia de Brooklin, despues en otra de Yonkers (Nueva York), despues vino Florida. Pronto espero tener tiempo para contaros mi viaje. Hoy unas lineas sueltas desde las verdes tierras de Venezuela, encajonada entre grandes montañas selvaticas.)

Una cosa interesante de la Fe es que tanto Fulano, como Mengano, como Zutano, creen lo mismo si tienen el mismo credo catolico.

Es decir, yo creo lo mismo que creian los martires que murieron en el Circo Romano devorados por los leones (y los leones no eran de pelicula, los devoraban de verdad), creo lo mismo que los primeros martires japoneses, lo mismo que los pobres misioneros que murieron de fiebres amarillas tratando de predicar a los congoleños, lo mismo que el joven del Bronx que hace una hora santa cada jueves (hace menos de una semana que he venido del Bronx).

Creen lo mismo el Papa y el monaguillo, el cocinero y el presidente del banco, el chino que el esquimal catolico.

Uno sabra mas de su fe y otro menos, pero todos creen lo mismo. No solo eso, si dejamos aparte el Nuevo Testamento, creo lo mismo que Abraham, que Ezequiel, que Deborah, que los gloriosos Macabeos que lucharon con la espada por su fe.

Sin embargo, en todas las epocas, en todas las generaciones, hay personas a las que tras escuchar su fe debo reconocer: no creemos lo mismo.

Esa religión que tu llamas infantilizada, supersticiosa e inmadura es por la que derramaron su sangre los martires antes que negar el mas pequeño articulo de ella.

Credo in unam, sanctam, catholicam et apostolicam Ecclesiam. Siempre que recito esas palabras en la misa no me viene un sentimiento de pena por la Iglesia que veo, sino de orgullo. De un gran orgullo por sentirme inserto en esa corriente de vida que llega hasta la eternidad.

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