martes, febrero 02, 2010

Muchas vidas

Algo en lo que no insisto mucho en mi blog es en mi estado continuo, constante y perenne de felicidad. No quiero parecer presuntuoso, pero mi vida parece una secuela a capítulos de los primeros tres minutos de Sonrisas y lagrimas (The sound of the music). Claro que el mundo no es perfecto, por ejemplo en el ordenador en el que tecleo este post no hay tildes.

Pero lo cierto es que tengo todo lo que necesito, no ambiciono nada, y sólo le pido al Señor que me mantenga en esta situación de paz interior. De paz interior que observa el mundo que le rodea, y le gusta. La paz que mira al mundo y disfruta del mundo.

Normalmente cuando uno cuenta sus tristezas, resulta creíble. La tristeza resulta humilde. La felicidad, como mínimo, es sospechosa. En un cura mucho peor. El cura debería estar llorando todo el día las tristezas y sufrimientos del mundo.

Yo era feliz en Barbastro, lo fui en Pamplona, lo fui en Alcalá, lo soy en Roma. Dejo aparte lugares menores por donde he pasado. No todos han sido buenos conmigo. Pero lo mejor que hice con ellos fue olvidarlos. Los comencé a olvidar incluso antes de despedirme de ellos. El mundo es maravilloso, lo amo. Se necesitarían muchas vidas para vivirlo. Sólo tenemos una, eso lo hace más interesante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario