sábado, marzo 13, 2010

Angeles y demonios II


Durante dos días vi, a trozos, Ángeles y Demonios. Cuando ayer apagué el DVD y salí de mi habitación, bajé una escalera de un pasillo superior. Y al entrar en el pasillo del piso del comedor, me encontré con una escena que parecía sacada de la película: docenas de presbíteros revestidos con sus albas, avanzando silenciosos por los corredores de un edificio de hace siglos, camino de una capilla del siglo XVII, una capilla situada en el interior de un palazzo del centro de Roma. Se acercaba la hora de una de nuestras liturgias comunitarias.

Yo, que había apagado la película hacía menos de veinte segundos, no dejaba de pensar que de la película había pasado a un entorno que parecía exactamente sacado de la película. Yo mismo había salido de mi habitación revestido de mi alba-casulla y avanzaba en silencio, precedido y seguido por presbíteros cameruneses, rumenos, ucranianos, croatas, argentinos e italianos.

De la ficción he pasado a la realidad, sólo que la realidad era como la de la ficción.

Por cierto, hoy he ido a una iglesia nueva a concelebrar, me gusta variar. Había sólo un carmelita para esa misa. ¿Y quién ha llegado de pronto? El cardenal-prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Masiá, ¿a qué no sabes de quién hemos hablado?
No, es broma. Ya sabes que no es mi estilo. Me gusta chinchar. Pero lo mío es jugar. Hay tan pocos entretenimientos en esta vida.

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