domingo, marzo 28, 2010

Domingo de Ramos o la mañana que cogí una insolación

Domingo de Ramos en la Ciudad de los Papas, la ciudad de los mártires, la urbe de los templos, la capital de los clérigos y del barroco.

Tras tres cuartos de hora de espera en la Puerta de Santa Ana, ya he visto que no vendría la persona que me tenía que hacer pasar adentro; y de allí a un buen lugar para la misa.

Así que he participado en la misa desde el final de la plaza, bajo la sombra de una columnata. Sea dicho de paso, el Vaticano tiene fallos. La megafonía era mala en la parte de la plaza donde me encontraba. La mitad de la plaza se ha quedado sin poder comulgar. A ratos hacía frío a la sombra. De lo último no tiene culpa el Vaticano.

Mañana mismo me voy a comprar lo que sea para la calva. He pensado que el sol de marzo no me haría daño y qué equivocado estaba. Y eso que he estado bajo el sol sólo media hora. Pero además de ponerme rojo, sin llegar a quemarme, me ha dolido la cabeza toda la tarde. Incluso ahora me duele un poco.

Mañana me compro lo que sea. Nunca me han gustado las birretas. Me parecen espantosas estéticamente hablando. Y no digamos de los otros sombreros clericales redondos, horribles. Siempre me dije que me pondría lo que fuera antes que eso. Las boinas lo mismo, no pegan conmigo. Pero es que con la sotana ¿qué me pongo en la cabeza? Una cosa sí que tengo clara, no puedo andar con la calva bajo el sol. Han pasado siete horas y todavía noto un no sé qué en la cabeza, como si las neuronas fueran y vinieran en estado de ebullición.

Ah, una cosa más. Si algún pez gordo lee este blog, que sepa que la mitad de la plaza se ha quedado sin comulgar. Tal vez el Papa lea este post, apriete un botón y ordene: que venga monseñor Gutiérrez.

Debería haber mirado el anuario pontificio. Sólo falta que haya algún monseñor Gutiérrez. Bueno, en realidad, dijo airado: que se persone aquí monseñor Sidney Fiztwater-Applebaum II.

Nota del autor: Si existe en el Vaticano un monseñor que se llama Sidney Fiztwater-Applebaum II, le invito a cenar esta semana, le presento mis excusas y le estaré esperando con una caja de bombones. Nunca se sabe.

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