lunes, marzo 29, 2010

Lunes Santo o el recuerdo de Juan Pablo II el Grande


Hoy he asistido agradecidamente a la misa de aniversario del fallecimiento de Juan Pablo II. Agradecidamente, porque aunque ya he asistido a bastantes eucaristías allí, hoy me ha llenado de especial emoción. Además, Dios lo ha arreglado todo para que tras fallarme mis dos contactos para conseguirme un buen puesto, una tercera persona no pudiera ir y me diera su billete. He estado la mitad de la misa a veinte metros del Papa. Los que van a ayudar a dar la comunión tienen ese privilegio.

Lo que me ha emocionado más de esta misa, ha sido el Papa. Cada vez veo más en él al hermano Pedro. No veo a la persona de Joseph Ratzinger, no veo al ser humano, veo al Apóstol, veo a la Iglesia. Él no es la Iglesia, pero en él veo la Iglesia.

Hoy me he percatado de que fue un regalo de Dios el que no me encontrara con la persona que me iba a colocar cerca del altar en la misa de ayer en la Plaza de San Pedro. Pues hasta hoy no me he dado cuenta de que si media hora, me provocó esa insolación, ¿qué hubiera pasado si hubiera estado más de dos horas?

Dios interviene incluso cuando parece que no interviene. Dios actúa cuando más parece que no hace nada. Son regalos de Dios incluso sus aparentes no-regalos.

Ah, ¿sabéis con quién me he encontrado hoy en el Vaticano? Jamás lo imaginaríais. Ni en vuestros más alocados delirios: con Sidney Fitzwater-Applebaum II.

Nota: esto último es broma.

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