domingo, marzo 07, 2010

Masiá, ¿cuándo me invitas a comer sushi? Que lo estoy deseando.


En la foto se ve al padre Fortea leyendo con preocupación la última obra de Masiá.

Perdona Masiá que no me haya ocupado de ti, pero es que estaba de viaje. Sabes que te tengo un gran afecto. ¿Qué sería de mí sin las fichas negras en el tablero? (Dado que llevo sotana, tampoco des por supuesto que te puedas apropiar de ese color por las buenas.)

Como tú bien sabes, el tema que discurre por debajo de tus posts, el verdadero gran asunto, la madre del cordero, no está en tal o cual afirmación tuya, en tal o cual apreciación teológica tuya, sino que el verdadero meollo es ¿son los obispos los garantes del verdadero sentido de las palabras de Jesús?

Ése es el núcleo de todo y lo demás son ramas, tú lo sabes bien. Si nuestro Maestro no hubiera dicho quien a vosotros escucha a mí me escucha, también yo sería un Masía más, un Boff más. Aunque si te soy sincero, si no fuera porque creo que los obispos son los custodios de la fe, yo sin duda sería más radical que tú, mucho más radical.

Por eso, dados los presupuestos de los que partes, te admiro. Yo en tu caso hubiera ido mucho más lejos. Ancha es Castilla, hubiera sido el único punto de mi moral. Por eso estoy seguro de que crees, de que eres una persona de fe. Ser jesuita, vivir bajo obediencia, vivir en castidad, vivir en el silencio que te han impuesto, bajo tus planteamientos libertarios, me resultaría sencillamente imposible. Por eso no albergo ningún juicio personal negativo hacia ti, tan sólo de admiración, porque yo bajo tus presupuestos no lo podría resistir.

Pero todas tus buenas acciones, toda tu tolerancia, toda tu bondad, no pueden evitar el que nos preguntemos la gran cuestión: ¿el cristianismo es lo que cada uno cree que es, o es una fe que transmitimos inamovible generación tras generación? ¿Es algo difuso como una poesía, como el azul de una mañana en el campo? ¿O es una enseñanza que debemos conservar, custodiar y transmitir milimétricamente?

Tú sabes que San Ignacio de Loyola me daría la razón, que los jesuitas misioneros del Canadá me darían la razón, que los jesuitas misioneros de Corea me darían la razón. También me daría la razón el apóstol Bernabé o Santiago. ¿A quién crees que daría la razón la Virgen María que se apareció en Lourdes o en Fátima? ¿Y el padre Pío?

Ya sé que tus amigos del centro de la selva amazónica, no. Pero frente a tus amigos, está toda la Iglesia Universal de veinte siglos. Lutero antes de dar su paso, como cuenta en uno de sus escritos, se preguntó: ¿no me estaré equivocando yo frente a los Santos Padres y todos los santos y todos los obispos? Recapacita, no es Camino, ni Rouco el que está contra ti. Nadie está contra ti. Es la fe de veinte siglos ininterrumpidos que te repite y repite a todo el mundo: quien a vosotros escucha a mí me escucha.

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