martes, abril 06, 2010

El hiperurbanismo


No os debe sorprender el post de ayer. Esas imágenes, cuando las descubrí hace tiempo, fueron para mí toda una revelación. Una revelación de una estética, del modo en que sintieron el futuro otros seres humanos, de la manera en que podía haber sido un tiempo que no fue.

Siempre he sido insensible a los encantos de la danza, pero por el contrario la arquitectura siempre me ha entusiasmado. También he sido insensible a los encantos de la ropa. Y los perfumes no los huelo, salvo que sean fortísimos.

Pero los rascacielos me entusiasman. Son Babel renacido. Su parecido con la roca, con la montaña. La plasmación del poder de la humanidad. Parece que deberían ser levantados por masas egipcias acarreando bloques. Parece que deberían ser tumbados por su soberbia. Pero no muerden el polvo, no prueban lo que es regresar a la tierra.

Son torres. Torres sin fortificación. Torres sin muros, bosques de torres, con hormigas que recorren sus muros defensivos. Yo hubiera sido un buen arquitecto. Lo malo es que después me hubieran usado sólo para hacer adosados y, quizá en todo caso, algún supermercado.

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