sábado, abril 10, 2010

Fort en Nueva York


10. Al final, no os conté nada de mi último viaje en febrero. Ahora os contaré algunas cosas. La primera es que Dios me concedió una de las cosas que, desde hacía años, deseaba: estar en Nueva York cuando cayera una gran nevada.

Y no sólo estuve, sino que pude pasear por sus calles todo lo que quise. De hecho buena parte de ese día me lo pasé yendo de un sitio a otro. Yendo de un sitio a otro no pour plaisir, sino porque justamente se día tuve que ir a un buen número de sitios.

En este caso el trabajo y el placer fueron de la mano, porque la nevada que cayó fue de esas monumentales. La mayor en muchos años. Los periódicos la llamaron Snowggedon o Snowpocalipse.

Ese día, entre otras cosas, di una charla a las monjas que más quiero en el mundo: las Misioneras de la Caridad, también llamadas monjas de la Madre Teresa de Calcuta. Cuánto las quiero.

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