miércoles, abril 07, 2010

La conexión a Internet en mi habitación es pésima.

Como Internet no me funciona hoy, para variar, me he tenido que venir a la habitacion de un coreano. Nunca Internet me ha santificado tanto, la virtud de la paciencia.

La habitación del coreano es muy interesante. Es un experto en materia bíblica. Me ha invitado a unas galletitas dulces-saladas coreanas. Le he dicho que me gustaban mucho, por educación.

Francamente, no sé como puede trabajar en esta mesa donde no cabe ni un llavero más, ni otro libro, ni otra cosa. Sobre la mesa hay rotuladores, relojes (varios), una bolsa de plastico, acabo de ver otro reloj, dos ordenadores, hay de todo. Esta mesa es un mundo. Con lo que a mí me gusta ver mi mesa vacía, es un invitación al trabajo.

Acabo de ver que al compañero le interesa mucho el tiempo, porque acabo de desbubrir en poco rato dos relojes más. Eso sí, es muy amable y siempre sonriente.

Ciertamente existe un carácter coreano: gente sutil, correcta y sonriente. Bueno, me marcho para que él pueda seguir tocando Recuerdos de la Alhambra a la guitarra.

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