lunes, abril 12, 2010

Nueva York


En Nueva York concelebré en San Patricio, corazón gótico de la ciudad. Oscuridades europeas propias de un bosque irlandés de columnas y vidrieras en medio de un laberinto de colosos.

Por fin subí al Empire State Building. Valió la pena. La vista es de esas por las que vale la pena pagar. Eso sí, hacía un frío y un viento, fue el día anterior a la gran nevada. Que se resistía poco fuera en la terraza. Era uno de esos fríos tan a juego con el carácter gigantesco de la ciudad. Un frío inaguantable.

Muchos años atrás subí a las Torres Gemelas. La caída de esas torres fue todo un símbolo. Algo que caía y no se volvía a levantar, entrábamos en una nueva era. Unas torres se derrumbaron cómo símbolo de una supremacía que caía. La última guerra como símbolo del último acto de fuerza de un gigante antes de su ocaso.

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