lunes, abril 19, 2010

Una noche de órdago III


(sigue de ayer) Nada más tumbarme, sufrí el impacto. No me lo podía creer: el colchón. El dichoso colchón.

En mi vida había visto un colchón tan duro. No tengo ni idea de lo que había dentro, pero aquello no tenía el nombre de colchón, aunque sí una cierta forma externa de ello. No lo dudé un momento, cerré los ojos y pensé: penitencia, hagamos penitencia.

Con gran dificultad, me dormí. Pero a la 1.30 de la mañana el dolor de la espalda me despertó. Sencillamente, ya no podía aguantar más. Aquello era irresistible.

Después de pensar la situación un buen rato, opté por sacar el colchón y dormir sobre la parte inferior que sostenía al colchón. Como es evidente, la parte inferior (cuyo nombre no recuerdo) no está hecha para dormir. Pero incluso esa parte era más cómoda.

Con el cansancio que tenía, a pesar del calor, a pesar del dolor, me dormí. Por supuesto que me desperté de la incomodidad muchas veces, pero al menos se podía dormir.

(seguirá mañana)

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