martes, abril 20, 2010

Una noche de órdago IV


(Sigue de ayer) Antes de las seis de la mañana (hora y media antes de sonara el despertador) descubrí otra característica de la habitación: no tenía ni cortina, ni persianas. Una fina tela era todo. Resultado: al salir el sol dio directamente en la cama. Era imposible dormir con aquella luz inundando la habitación. Aun así, cansado, pensé: me quedaré aquí relajado hasta que suene el despertador.

Poco después, llaman a mi puerta. Después de aquella noche, no me hubiera extrañado que hubiera llamado la Inquisición Española. Pensé, digan lo que digan, me voy a quedar un rato más en la cama, no pienso levantarme todavía.

Me acerqué a la puerta y dije: ¿síii? Perdone, padre, no quiero asustarlo, pero no estamos seguros si dentro de su habitación ha entrado un escorpión, ¿podría asegurarse?

¿Hace falta decir que de pronto se me pasaron las ganas de quedarme un rato más relajado en la cama? ¡Cualquier se quedaba allí tan tranquilo?

Miré por todas partes, trozo a trozo. No encontré nada, pero de pronto, es curioso, ya no tenía más sueño.

(seguirá mañana)

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