miércoles, abril 21, 2010

Una noche de órdago V


21. (Sigue de ayer) En mi habitación no entró, pero en la habitación de al lado sí. Y no un alacrán amarillo, sino un escorpión negro. La señora de al lado lo mató con su zapato. No sabe lo duro que era, padre, me dijo.

Me aseguraron que podía estar tranquilo, que no matan. Aunque me dijeron que nadie me hubiera quitado tres días de hospital si el de la habitación de al lado me hubiera picado.

Lo gracioso fue que al desayunar (el desayuno fue como el colchón), me preguntó la religiosa: ¿qué tal la noche?

Yo le dije: muy mal, hermana. En realidad esas fueron mis tres primeras palabras. Cuando acabé me quedé de lo más satisfecho. En todas mis afirmaciones no hubo el menor rastro de diplomacia.

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