sábado, abril 17, 2010

Una noche de órdago


Una graciosa anécdota de Colombia la protagonizó mi estancia en una casa de unas religiosas. No me acuerdo del nombre de la ciudad. No es broma, no me acuerdo. Aquí no influye la caridad, sino la mala memoria.

El caso es que se trataba de una casa que en la que ellos alojan retiros espirituales, sacerdotes, etc. También turistas. La casa era bonita, en medio del campo. Sin lujos, tipo La Misión pero sin selva alrededor.

El primer problema que vi fue el calor. Después de un día de trabajo, de prédicas, de ir de un sitio a otro, no hay nada como el que llegue la noche y veas que hace tanto calor que va a ser difícil conciliar el sueño. Para acabar de arreglar las cosas, al entrar en la habitación observé que la habitación había estado con las ventanas cerradas todo el día. Encima de la habitación no había nada. El calor era bastante grande, sin llegar a ser infernal.

(Seguirá mañana)

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