sábado, abril 03, 2010

Vigilia Pascual: C H R I S T U S V I N C I T


El Sábado Santo me gusta hacer mi oración en la iglesia, es como hacer la oración delante del sepulcro de Jesús. Una de las monjas que cuidan del collegio cuando han cerrado con llave el pasillo del ábside de la basílica, no han tenido en cuenta que algún residente podía estar haciendo oración en la capilla.

Cuando me he dado cuenta de que estaba encerrado, desde un teléfono interno he empezado a llamar a todos los teléfonos de la casa. Pero la casa está vacía. Nadie ha contestado. Por casualidad, al final, he dado con uno de la zona del convento.

Menos mal. Si llego a llamar dos minutos más tarde, se hubieran marchado las monjas al Vaticano y me hubiera quedado encerrado hasta la mañana siguiente.

Este año ya le ha ocurrido esta desagradable anécdota a otro sacerdote. En pocos meses es la vez que ocurre este episodio en esta santa casa. Pero la monja no parecía dar muestras de arrepentimiento cuando ha abierto el portón de entrada al pasillo.

Bien, el caso es que hoy me marcho a la Vigilia Pascual a una bellísima basílica del Trastévere. Mañana iré al Vaticano, pero hoy me apetece sentir la Vigila Pascual como se vivía en una de las primitivas iglesias romanas.

Esta basílica, Santa María del Trastévere, la de la foto, tiene una calidez, unas proporciones tan humanas, que todo en ella te retrotrae a la época en que el Sucesor de Pedro rodeado de treinta o cuarenta presbíteros celebraba esta ceremonia nocturna.

Ah, la Vigilia Pascual. Qué banquete de la Palabra de Dios. Qué liturgia para sentarse y meditar. Ya me imagino a mí mismo con mi pesada alba-casulla con su capucha, escuchando un gran sermón. Viendo cómo el cardenal araña con el punzón la superficie del cirio. El diácono cantando mientras entra con él. Y después de todo, Cristo mismo. Jesús en medio de nosotros, contemplándonos, hablándonos al corazón como lo hizo con los discípulos. Participando de la cena pascual como los judíos.

Sí, Jesucristo ha resucitado y vive entre nosotros y nos habla e interviene y nos ayuda y nos aconseja. Los Apóstoles no comprendieron. No comprendieron lo que estaban viviendo. Comprendían sólo una mínima parte, y de un modo muy humano. Lo mismo nos pasa a nosotros. No nos damos cuenta de hasta qué punto Él estará en esa iglesia a la que voy a celebrar la Cena Pascual.

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