lunes, mayo 10, 2010

El Papa Montini


Hoy me gustaría decir unas palabras sobre un gran papa: Pablo VI.

Un Papa que no satisfizo ni a unos ni a otros. Para unos siempre se quedó muy corto, según la situación le superaba. Le tocaron unos tiempos verdaderamente tempestuosos. Supo poner las manos en el timón de un modo admirable, de un modo mucho más inteligente de lo que lo eran sus críticos. La Historia demostrará que sus supuestos defectos no fueron falta de comprensión de la realidad, sino un conocimiento de ella superior al de todos aquellos que pensaban: si yo estuviera en su puesto lo hubiera hecho mejor.

Los más tradicionales (no digo tradicionalistas) querían que diera un golpe en la mesa. Pero en la vida pocas cosas se arreglan dando un golpe en la mesa. Los más progresistas nunca le tuvieron simpatía, él siempre era un obstáculo. Los más progresistas, en sus respectivas senectudes, nunca reconocieron que Pablo VI tuvo más visión de futuro que ellos, llegando en cada cosa al punto justo, al punto prudente; como un experimentado director de orquesta que sabía hasta dónde se podía llegar, sin caer en la disarmonía.

Impresionante su discurso sobre el humo de Satanás. Hasta hoy nunca lo había escuchado entero. Sencillamente impresionante. Basta escuchar esa alocución para entender hasta qué punto Montini era un pastor, un maestro espiritual, un gran hombre.

Pablo VI celebró misas en las fábricas, viajó y viajó, fue humilde, fue un renovador, un hombre perfecto para un tiempo de cambios profundos. Ortodoxo hasta la médula, pero una mente perfecta para realizar cambios.

Los tradicionales creen que debió haber dado un golpe en la mesa. Podía haberlo dado, y hubiéramos tenido un cisma de los progresistas más amplio que el de Lefevre y en todas las diócesis. Los progresistas creen que era un mar de dudas, pero eso no era así: sus escritos, sus homilías, su mismo carácter psicológico, todo en él era firme.

No quiero ni pensar lo que hubiera hecho en su puesto otro hombre amante del aplauso, con ganas de pasar a la Historia. Fue el hombre de Dios para ese momento justo del devenir de la Iglesia.

Señor, líbranos de las superestrellas. Líbranos de los grandes protagonistas. Señor, da el timón de tu Iglesia a hombres prudentes, sencillos y espirituales como a ese clérigo Montini que tomó el nombre del apóstol Pablo.

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