viernes, mayo 14, 2010

Ese tiempo que sigue pasando II


(Sigue del post de ayer)

La cúpula de San Pedro, por el contrario, es tan atemporal. Como un peñasco contra el que choca el oleaje del tiempo. Cada vez que la veo, me recuerda justamente lo contrario al río del fluir de los meses y los años.

Cuando por la noche, tras la cena, uno se pone en la plaza justo en el centro, delante de la puerta, tanto cuanto dejan acercarse las vallas de madera, uno tiene la impresión de que lo importante es lo que representa el edificio. Que al lado de esa mole, no importan tanto ni Papas ni prelados. Estos parecen personajes secundarios que desfilan en medio del protagonista principal que es el edificio.

Por supuesto, el edificio es un signo, como una proferida palabra que ha quedado escrita, como una impresionante palabra esculpida, labrada. Esa palabra es la IGLESIA, la Iglesia de Dios, la Santa e Invencible Iglesia. Si para decir una palabra se necesitan unas cuantas sílabas, unas cuantas letras, unos cuantos sonidos efímeros. Para decir IGLESIA hemos necesitado miles de toneladas de piedra, mármol, ladrillo. Pero al final el signo está allí para quien quiera escucharlo. Sí, ciertamente, al lado de este edificio-palabra, los personajes humanos fugaces parecen menores.

No hay comentarios:

Publicar un comentario