miércoles, mayo 12, 2010

Lluvia, noche y paseo


Hoy un paseo antes de irme a la cama. Un paseo por una Roma de calles y monumentos lavados por las lluvias de todo un día. Humedad en el ambiente. La temperatura justa para empezar a sudar bajo la sotana. Muy poca gente por la calle. Me alegro mucho, me apetece siempre ir meditando en estos recorridos nocturnos, siempre de una hora de duración. Paseando y hablando con Dios. La noche se presta para hacer revisión del día, del año y de la vida. Una revisión nada atormentada, la verdad. Una revisión a medio camino entre Memorias de Adriano y una versión atenuada del Kempis.

Siempre me produce un gran placer cruzar el Tiber por el Puente de Sant Angelo. Después la impresión de la monumental fachada del Vaticano a lo lejos: iluminado, grandioso como una pirámide, enmarcado por la avenida, solitario a estas horas.

Ayer nos visitó un cardenal al collegio. Nos ofreció un retiro de medio día, no se quedó a cenar. No era un cardenal cualquiera, era el Vicario General del Vaticano y Arcipreste de la Basílica de San Pedro. Predicó bien, sin ninguna pompa, de forma muy sencilla. Bueno, me marcho a hacer mis últimas oraciones. Ay, sigo llevándome la Nocilla del desayuno a la habitación tras la cena. O dejo los dulces o acabaré como Juan XXIII.

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