miércoles, mayo 26, 2010

Me encanta Blacksad, desde pequeño me han gustado los comics


Una de las cosas que he descubierto este año es el trabajo de los grandes profesionales de la Teología. Hay teólogos, bastante desconocidos, que de un modo callado pero laborioso, realizan estudios teológicos de un carácter tan minucioso como exahustivo, verdaderos monumentos de la inteligencia. A veces leo quince o veinte páginas que me dejan boquiabierto por la filigrana que entrañan esas páginas, porque detrás de esas pocas páginas hay toda una vida dedicada al conocimiento de la materia en la cual el que habla es especialista.


Los que desconocen este tipo de profundidades teológicas fácilmente los descalificarán exclamando: cuestiones sibilinas, cuestiones bizantinas, no sirve para nada. Pero yerran.

Basta elogiar la inteligencia del teólogo, la laboriosidad de una vida dedicada al conocimiento de la Ciencia de Dios, para que alguien tuerza el morro y diga: sí, sí, pero lo importante es la vida.
En otros trabajos, eso no ocurre. Un zapatero hace un bonito par de zapatos, se los enseña al vecino, y éste no le dice: sí, están bien estos zapatos, sí, pero lo importante es el niño que ríe, la rosa que crece al sol, y el amor que triunfa y vive.


Esto, que yo llamo el síndrome del zapatero teólogo, nombre que me acabo de inventar, y esto me lleva una profunda conclusión, pero ahora -lo siento- es mi momento del paseo.

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