martes, mayo 18, 2010

Tirando ladrillazos al escaparate de la Iglesia


Cada vez me he vuelto más escéptico de poder. Pero no de los de mi país, sino de los de todo el mundo. Al lado de otros países, Zapa y su cuadrilla me parecen unos santos. Unos santos beatificables.

Los ciudadanos nunca desconfiaremos suficientemente del poder.

El poder continuamente se esfuerza en ocultar cosas de la vista de los ciudadanos apelando a que se trata de una materia reservada. Cuando la misma conveniencia de que exista una catalogación como materia reservada, a la que tan acostumbrados estamos, resulta muy opinable. Nada como el secreto resulta tan dañino al bien común de una sociedad gobernada por el Pueblo.

Pero los gobernantes están tranquilos. Hace tiempo que descubrieron que los resultados del ejercicio del poder, y los resultados en las elecciones, son elementos diversos y sin otra relación que alguna que otra conexión.

¿Aconsejo una insurrección? ¿Una revolución, tal vez? No, lo único que aconsejo es que paguen sus impuestos, que respeten las normas de circulación , que reciclen, y que cumplan con el bonito rito de poner la papeleta una vez cada cuatro años.

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