domingo, junio 20, 2010

Ascendiendo a la cúpula de la iglesia II

El mundo de la arquitectura siempre ha ejercido una gran fascinación en mí. Me he dedicado finalmente a la arquitectura de los dogmas, pero la piedra, las estructuras, los planos, ejercen sobre mí la atracción de un imán.

Cuando ayer subí a la cúpula de la iglesia de Santa María y ves los detalles, es cuando comprendes que una obra bien hecha se distingue porque se hace bien incluso en las partes que no se ven.

Las pinturas, los lemas latinos ilegibles desde abajo, la carpinteria de los marcos de las ventanas, todo, demostraba una factura impecable. Los que hayan comprado un piso nuevo, saben muy bien los problemas que hay con goteras, grietas, etc, etc. Aquella obra de la cúpula, muchísimo más complicada, mostraba un afán por la perfección, un gusto por el trabajo bien hecho.

Cuando las cosas se hacen bien, uno disfruta. Se nota cuando uno disfruta con su trabajo. La obra como ofrenda a Dios. La obra arquitectónica como predicación.

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