viernes, junio 11, 2010

Esto se acaba


Acabo de volver de la vigilia de oración del jueves. La plaza de San Pedro estaba llena. Las dos columnatas de Bernini verdaderamente eran los brazos de la Iglesia que acogían a todos los hombres del mundo.

Estos actos son las celebraciones de los curas sencillos. Aquellos que van a orar, a ver a Pedro, a reunirse con el resto de hermanos sacerdotes, disfrutarán, han disfrutado, de cada uno de los actos.

No es fácil orar interiormente durante actos que duran horas. Además, hay que hacer todo un pequeño viaje para llegar a cada basílica, aguardar al autobús, desplazamientos. Después está el calor, las esperas en la silla hasta que comience el acto. Mover a miles de personas, supone que hay que estar allí de una a dos horas antes. No se mueve a una masa humana así un cuarto de hora antes de la ceremonia.

Pero todo lo sobrellevaban con una sonrisa, felices, sin quejarse. No he oído ni una sola queja en todos estos días, ni una sola.

El sacerdote que estaba a mi lado, que ya no es un joven, ha estado más de media hora arrodillado sobre los pétreos adoquines de la Plaza de San Pedro cuando han expuesto el Santísimo Sacramento. Mi fe daba para mucho más de media hora, pero mis rodillas no. Sin embargo, mi amigo y otros muchos han aguantado. Prueben ustedes a arrodillarse sobre el suelo de su casa, y comprobarán en diez minutos lo duro que está el suelo.

Ya está acabando el año sacerdotal. Gracias, Señor, por haberlo podido vivir en Roma.

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