martes, junio 15, 2010

Estoy agotado


Mañana martes llegaré a España. Es de noche y escribo mi último post romano. Estoy agotado. Meter todas las cosas en cajas me ha llevado toda la tarde. ¿Pero es posible que quepan tantas cosas en una simple habitación? No lo puedo creer. A veces tenía la sensación de que las cosas se habían reproducido. Cosas y más cosas. Mi pequeña biblioteca ha llenado dos cajas. Los cajones han llenado otra entera. Los armarios, muchas. El edredón, papeles, buf. En total diez cajas. Cualquier biblista diría que diez es número de plenitud y perfección, y que en realidad no eran diez cajas, sino que ése es un símbolo.

Pues ojalá que fuera un símbolo y fueran menos. Pero son diez. Ya veremos qué cara me pone la superiora, porque el espacio para guardarlas es limitado. Diré que es mi primer año y que no sabía. Y que me comprometo a tirar el contenido de la mitad de las cajas el próximo curso.
Me convenzo de que el ser humano no está hecho para las mudanzas. Quizá algún tipo de escarabajo, los pájaros carpinteros, o los himenópteros o las lechuzas, sí. Pero yo ya sabía desde hacía días que esto de meterlo todo en cajas no iba a ser cosa de cinco minutos.

Hoy he hecho, tras las cena, un paseo hasta el Vaticano. Me he despedido de todo y de todos. Aunque lo que realmente me ha cansado es lo de las cajas. Dichosas cajas. Hoy he presentado el trabajo de este año a mi director de tesis y ha ocurrido una anécdota graciosísima. Os la contaría, pero estoy tan cansado con lo de las cajas.

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