domingo, junio 06, 2010

Jesús de Nazaret por las calles de la Urbe

Hoy domingo he comido en el collegio que tienen los Estados Unidos cerca de la Gregoriana. Setenta curas. Además la Conferencia Episcopal de Estados Unidos tiene un seminario.

El edificio del collegio es un antiguo convento, con sus patios, su claustro, su refectorio con pinturas en la bóveda de medio cañón. Eso sí, la comida no es nada del otro jueves.

A las 7.00 de la tarde me he ido a concelebrar a una parroquia del casco histórico de la Urbe, una antiquísima iglesia: San Lorenzo in Lucina. La razón era que de esta iglesia iba a partir la única procesión de Corpus Christi que iba a recorrer el centro de Roma. Estábamos sólo unos doce sacerdotes, y el celebrante principal fue el párroco. La procesión muy larga, pero no se hizo pesada por una razón: todo el rato se andaba. Lo que resulta extenuante de las procesiones españolas es que se da un paso y uno se para un rato. Aunque el recorrido sea corto, se hace muy pesado. Es lógico que eso sea así con los grandes pasos andaluces. Pero lo cierto es que han copiado ese paso en toda España, aunque no se lleve ninguna imagen pesada.

La procesión de hoy tenía sus altares: uno por cada iglesia al lado de la cual pasábamos. Hemos recorrido lugares tan repletos de gente como la Plaza de España. Me he alegrado al ver como los turistas se paraban con verdadera devoción, alguno se quitaba el sombrero, otros se arrodillaban incluso. Ah, y teníamos uniformados de gala a dos carabineros en los flancos del palio. El estado italiano no ve en ello nada inconstitucional. Ah sido una procesión sencilla, muy sencilla, pero muy bonita, y con banda de música.

Os aseguro que no exagero si os digo que esta la procesión con la que he ido con más devoción, más concentrado, de toda mi vida. No sé quien fue el genio que decía que incluso hoy día Roma veduta, fede perduta. No creo que tenga que hacer mucho esfuerzo para convenceros de que no fui yo quien se inventó esa frase. No, señor, no. No se puede decir precisamente que en Roma haya perdido la fe.

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