martes, junio 01, 2010

Una iglesia de opereta


Estaba buscando en Internet un documento de la Santa Sede sobre una cuestión teológica que planteó hace años la Conferencia Episcopal Alemana, cuando por casualidad me he encontrado con la página de la Iglesia Católica Reformada de Venezuela.

Antes de continuar leyendo el post, podéis echar una hojeada a la galería de este grupúsculo herético. Las fotos están tomadas de la página del sujeto que hizo la parodia de la ordenación y que lo trajeron de Estados Unidos:

http://www.cacna.org/picts/venezuela.htm

Al ver las fotos de esta iglesia de carnaval sentía vergüenza ajena, mucha. Veía a unos vestidos de obispos por el placer de vestirse así, a otro vestirse de cardenal investido por sí mismo, a un jovencillo ponerse serio ante la foto para mostrar: soy un obispo, creedme. Su ceremonia de ordenación no daba sensación de sacralidad alguna, era como si los ángeles y los santos se hubieran marchado para no ver ese teatro.

La señora que hace la limpieza de mi habitación vine. Como siempre hago, cojo mi breviario y aprovecho para pasear un poco por el patio del collegio mientras rezo una hora canónica.

Mientras iba hacia el patio, dije con verdadera devoción, con emoción: creo en la Iglesia Católica, pertenezco a la Iglesia Católica.

Al decir esas palabras sentí que ese acto de fe tocaba hasta lo más profundo de mi ser. Quizá por la alegría de comprender a qué cosa tan grande pertenezco.

Me pregunté por qué otros insisten tanto en España y otros lugares en que habría que formar una nueva iglesia. ¿Quieren crear eso? ¿No se preguntan por qué todos estos experimentos hasta ahora realizados saliéndose fuera no han dado resultado? Dos mil años, si algo han demostrado, es que, al final, la mayor parte de los creyentes en el Hijo de Dios lo han hecho y lo siguen haciendo en la Iglesia que Él fundó.

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